martes, 18 de marzo de 2025

El inventor de leyendas

 


La máquina de escribir Olivetti resonaba en el pequeño departamento de San Telmo como el latido mecánico de un corazón artificial. Ricardo Menéndez golpeaba las teclas con la furia de quien sabe que cada palabra es un intento más de escapar del anonimato. El papel, amarillento y barato, recibía el impacto de sus dedos como una sentencia: otro relato que probablemente terminaría en el cajón de los rechazos.

La pila de manuscritos devueltos crecía en una esquina de su escritorio, cada uno con una nota cortés pero demoledora: "No se ajusta a nuestra línea editorial", "Gracias, pero no gracias", "Tal vez en otra ocasión". Buenos Aires, esa ciudad que había dado origen a tantos grandes escritores, parecía haberle cerrado todas las puertas.

Fue entonces cuando comenzó su obsesión. Todo empezó una tarde de otoño en la Biblioteca Nacional, mientras hojeaba viejos periódicos en busca de inspiración. Un artículo amarillento sobre un supuesto tesoro pirata en la costa argentina captó su atención. Pronto, Ricardo se encontró sumergido en un mundo de leyendas olvidadas: historias de fuentes de juventud eterna en la Patagonia, relatos de meteoritos con formas de vida alienígena en el Chaco, crónicas de espadas coloniales con poderes místicos.

Investigó cada historia con la meticulosidad de un arqueólogo y la pasión de un creyente. Viajó a pueblos remotos, entrevistó a ancianos que guardaban secretos en sus memorias agrietadas, se perdió en archivos polvorientos. Pero cada pista lo llevaba a un callejón sin salida, cada leyenda se desvanecía como niebla bajo el sol de la verdad.

La frustración se acumulaba en su interior como un veneno lento. Hasta que una noche, sentado en el Café Tortoni, mientras observaba el reflejo distorsionado de los transeúntes en los espejos centenarios, tuvo una epifanía: si no podía encontrar leyendas verdaderas, las crearía él mismo.

Comenzó sutilmente. Un grafiti enigmático en una pared de La Boca, una historia susurrada en un bar de Palermo sobre un hombre sin rostro que aparecía en la calle Defensa a la medianoche. Luego vinieron más: el taxista que sólo llevaba pasajeros al cementerio de la Chacarita, siempre por el mismo recorrido, siempre llegando al amanecer; el vagón fantasma de la línea A del subte, que aparecía entre estaciones con pasajeros de otra época.

Ricardo escribía sus leyendas en blogs anónimos, las compartía en foros oscuros de internet, las susurraba en bares a desconocidos que parecían dispuestos a escuchar. Usaba diferentes pseudónimos: El Cronista Nocturno, J.L. Borges Jr., El Testigo. Sus historias comenzaron a circular, primero como rumores, luego como leyendas urbanas que la gente compartía como secretos valiosos.

Viajó a otras ciudades, sembrando historias como un jardinero macabro: en Rosario, habló de un puerto donde los barcos llegaban con tripulaciones que habían muerto hacía décadas; en Córdoba, inventó la historia de una iglesia donde las estatuas cambiaban de posición cada vez que alguien rezaba; en Mendoza, creó la leyenda de un viñedo que producía vino que hacía ver el futuro.

Poco a poco, sus historias comenzaron a ser publicadas. Primero en pequeños blogs literarios, luego en revistas especializadas, finalmente en antologías de terror y misterio. La gente comenzó a buscar al misterioso autor que parecía conocer todos los secretos oscuros de Argentina.

Pero había algo que Ricardo no sabía. Entre todas las leyendas que había investigado al principio de su búsqueda, una era verdadera. En un viejo manuscrito azteca que había encontrado en el Museo Etnográfico, había leído sobre una maldición que caía sobre aquellos que se convertían en "tejedores de historias": estaban condenados a vivir eternamente, presenciando cómo sus propias creaciones cobraban vida.

Y así, Ricardo Menéndez se convirtió en su propia leyenda. Los años pasaban, pero él no envejecía. Veía cómo sus historias se transformaban en la nueva mitología de la ciudad: madres que advertían a sus hijos sobre el hombre sin rostro, taxistas que se persignaban al pasar frente al cementerio, pasajeros del subte que cambiaban de vagón si viajaban solos tarde en la noche.

Algunos dicen que lo han visto en el Café Tortoni, otros juran que frecuenta los bares de San Telmo. Siempre solo, siempre escribiendo. Y si prestas atención, podrías notar que su reflejo en los espejos antiguos es apenas una sombra, como si él mismo se estuviera convirtiendo en una de sus historias, ahora con su notebook, un hombre siempre joven, siempre creando nuevas historias. 

Si te sientas junto a él, tal vez te cuente una leyenda. Pero ten cuidado, ahora está maldito, y la leyenda que te cuente podría ser la tuya.



domingo, 16 de marzo de 2025

Día de bloquear una escalera

 


Apago por tercera vez la alarma del celular, mucho sueño. ¿Dije por tercera vez? ¿Eso significa que ya pasó media hora?

Me levanto de un salto y corro al baño, 15 minutos más tarde ya estoy mal afeitado, con los dientes limpios y chorreando agua del pelo recién bañado. Por suerte dejé la mochila armada anoche para ir al trabajo. ¿Qué me pongo? Pantalón es fácil: jean negro o azul, pero ¿hace frío? Miro el clima en el celular, hoy va a hacer calor. Una chomba, entonces. Chomba roja, pantalón negro... zapatos náuticos negros para estar al límite de lo informal. Total es una oficina de Sistemas, ni el gerente viene con camisa. Miro la mesa del comedor, pero no, no desayuno, no hay tiempo. Agarro un paquete de galletitas y lo pongo en el bolsillo de la mochila, con la máquina de café y esto es más que suficiente. Ya estoy en la puerta... un suéter, mejor llevo un suéter liviano porque en la oficina (como en todas las oficinas de empresas) el aire acondicionado está puesto a temperatura de congelamiento. Siempre imagino que el que controla la temperatura en los aires es un gordo seboso transpirado con más capas de grasa que un cachalote, siempre acalorado. Ups, eso sonó muy políticamente incorrecto. Qué sea una gorda entonces.

Salgo y camino apurado las 3 cuadras que me llevan al subte, se hizo tarde y soy consciente del tiempo, pago, cruzo el molinete y con el subte llegando me abalanzo a la escalera por la derecha: 1, 2, 5 escalones y veo una señora detenida en un escalón delante mío. Parada en medio de la escalera. Mirando el celular.

Me logro frenar agarrando la barandilla. Amago a pasarla por al lado pero no: por el otro lado de la ancha escalera vienen bajando una mujer con su hija de 3 ó 4 años, que baja despacio cada escalón, una tarea semejante al Everest. Escucho a mi espalda otro que se frena y casi me lleva puesto, claro al intentar esquivar quedé casi en el centro de la escalera sin poder pasar. Ahora todos estamos detenidos, el subte hace sonar la bocina, la mujer baja otro escalón, la nena logra bajar otro enorme escalón y se para un momento a sonreírle, la mamá le devuelve la sonrisa. La vieja, canosa, con un bolso bajo el brazo, vestida de negro de forma muy formal, no pierde de vista su celular. El subte cierra las puertas y arranca, se va. Se fue.

Finalmente la nena baja otro escalón, casi con un saltito y se genera un hueco por donde pasar. Esquivo a ambas en diagonal y al pasar por el rabillo del ojo alcanzo a ver qué es lo que está viendo la mujer detenida, parada en su escalón, en medio de la escalera, deteniendo la mañana mirando su celular:

La pantalla apagada, sólo muestra la hora.




(La idea de Dia D, es robada directamente del blog https://hoyesdia.blogspot.com/, el cual sigo en esta misma página desde siempre)

martes, 11 de marzo de 2025

Día de pasear con un paraguas

 


Fin de un día largo, dejo la comida en el horno y salgo a sacar la basura. Anochece y el viento trae un aire a tormenta lejana. Las luces de las farolas se reflejan en nubes grises aisladas que dejan pasar el negro de la noche. No va a llover pronto. Camino por la vereda y de pronto me cruzo con un hombre con un paraguas: negro, abierto, con un reborde o remiendo en el centro, el paraguas me cubre brevemente con su cono de sombras mientras su portador pasa a mi lado. No alcanzo a ver si sonríe o pasa serio, pero noto que alcanza a ver mi mirada de extrañeza. Dejo la basura y lo veo alejarse, con su paraguas, por el medio de la vereda, incolumne a las miradas de los demás mientras la tormenta espera, seguramente, a sorprenderlo en un paseo sin paraguas.

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Comentario al margen (o Día de sorprenderse una vez más con la IA): Le pedí a la inteligencia Claude.ai sí podía realizar una imagen para este texto. Claude no tiene la capacidad de usar una herramienta de generación de imágenes con puede ser por ejemplo chatgpt con DallE. Sin embargo, logró resolverlo de una forma increíblemente elegante e imaginativa, así que los dejo con la explicación de esta imagen de la mano de la propia inteligencia de Claude:

"Ilustración creada como un gráfico vectorial SVG (Scalable Vector Graphics), generado por Claude.ai para capturar la atmósfera nocturna del relato. La imagen representa el momento efímero del encuentro con el misterioso portador del paraguas bajo el cielo amenazante de tormenta, utilizando elementos minimalistas y juegos de sombras para evocar la sensación contemplativa del texto original."

Basicamente, programó una imagen que representara al texto. Brillante.


Cómo nobleza obliga, le di la palabra para que exprese como lo resolvió,  y aquí les dejo el código con que lo logró:
<svg xmlns="http://www.w3.org/2000/svg" viewBox="0 0 800 600"> <!-- Fondo nocturno --> <rect width="800" height="600" fill="#1a1a2e"/> <!-- Cielo y nubes grises --> <path d="M0 0 L800 0 L800 400 L0 400 Z" fill="#252550"/> <!-- Nubes dispersas --> <ellipse cx="200" cy="100" rx="120" ry="40" fill="#454560" opacity="0.7"/> <ellipse cx="500" cy="150" rx="150" ry="50" fill="#454560" opacity="0.6"/> <ellipse cx="650" cy="80" rx="100" ry="30" fill="#454560" opacity="0.8"/> <ellipse cx="120" cy="180" rx="80" ry="25" fill="#454560" opacity="0.6"/> <!-- Luna entre nubes --> <circle cx="650" cy="120" r="40" fill="#d6d6d6" opacity="0.8"/> <!-- Farolas --> <rect x="100" y="280" width="5" height="200" fill="#333344"/> <circle cx="102.5" cy="280" r="12" fill="#ffdd99" opacity="0.8"/> <circle cx="102.5" cy="280" r="25" fill="#ffdd99" opacity="0.2"/> <rect x="400" y="280" width="5" height="200" fill="#333344"/> <circle cx="402.5" cy="280" r="12" fill="#ffdd99" opacity="0.8"/> <circle cx="402.5" cy="280" r="25" fill="#ffdd99" opacity="0.2"/> <rect x="700" y="280" width="5" height="200" fill="#333344"/> <circle cx="702.5" cy="280" r="12" fill="#ffdd99" opacity="0.8"/> <circle cx="702.5" cy="280" r="25" fill="#ffdd99" opacity="0.2"/> <!-- Calle/vereda --> <rect x="0" y="480" width="800" height="120" fill="#222233"/> <!-- Figura con paraguas --> <ellipse cx="300" cy="500" rx="30" ry="10" fill="#111122"/> <!-- Figura humana con paraguas a la distancia --> <line x1="300" y1="500" x2="300" y2="450" stroke="#333344" stroke-width="3"/> <circle cx="300" cy="435" r="10" fill="#333344"/> <!-- Paraguas --> <path d="M260 435 Q300 390 340 435" stroke="#222222" stroke-width="2" fill="none"/>

<path d="M260 435 Q300 450 340 435" fill="#222222"/> <circle cx="300" cy="420" r="3" fill="#444455"/> <!-- Observador --> <ellipse cx="550" cy="520" rx="30" ry="10" fill="#111122"/> <line x1="550" y1="520" x2="550" y2="460" stroke="#333344" stroke-width="3"/> <circle cx="550" cy="445" r="10" fill="#333344"/> <!-- Efecto de reflejo en la calle mojada --> <ellipse cx="102.5" cy="520" rx="15" ry="5" fill="#ffdd99" opacity="0.1"/> <ellipse cx="402.5" cy="520" rx="15" ry="5" fill="#ffdd99" opacity="0.1"/> <ellipse cx="702.5" cy="520" rx="15" ry="5" fill="#ffdd99" opacity="0.1"/> </svg>


(La idea de Dia D, es robada directamente del blog https://hoyesdia.blogspot.com/, el cual sigo en esta misma página desde siempre)