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lunes, 9 de marzo de 2026

Espero que los nuevos vecinos no necesiten una aspiradora

 


Mi amigo se compró una nueva aspiradora para pisos automática, con control manual y automático y hasta cámara infrarroja en un sitio de ventas chino, muy, muy barata. Cuando me la mostró me dijo que el sistema le pasaba un plano de por donde iba, y un registro de esto al teléfono. Pero cuando instalé la app en mi teléfono para "jugar" un rato, la aspiradora respondía a los dos. A él y a mí. Noté que era por el protocolo de conexión: señal abierta. Sin contraseña. Sin encriptación. Podíamos pelearnos el control desde extremos distintos del departamento. Bromeamos con comprar dos y hacer batallas de robots. Nos comportamos como adolescentes durante una hora.
Pero en algún momento de esa tarde le conté mi problema, me tenía que mudar de departamento porque mi vecino de arriba era músico o creía serlo, y se pasaba tocando con su banda todos los fines de semana y a veces practicando durante la semana, era imposible vivir en el piso de abajo. Ruidos, música, gritos. Y a eso se sumaba su costumbre de levantarse en mitad de la noche y caminar descalzo, el impacto de los talones contra el piso de madera, ya ni con pastillas lograba dormir.
Esa tarde, cuando volví a casa y escuché el estruendo ya desde el pasillo — antes de abrir la puerta —, tuve la idea.
Encargué una aspiradora igual a la de mi amigo, esperé la compra y finalmente llegó. La configuré con cuidado: notificaciones activadas, cámara habilitada, señal abierta — como correspondía. Después la envolví en papel de regalo, escribí el nombre del vecino en un sobre y dejé el paquete en el correo del edificio sin que nadie lo notara.
Finalmente a la noche recibí una notificación: la aspiradora ya funcionaba. A través de la cámara vi su living en blanco y negro infrarrojo: muebles, alfombra, una guitarra eléctrica apoyada contra la pared. Él la había puesto en modo automático y la dejó limpiando. 
Esperé dos días.
La tercera noche me despertó como siempre: saltando de la cama, el golpe sordo de los talones contra la madera. Me senté en la cama. Encendí la pantalla. La aspiradora negra estaba quieta en un rincón de la habitación principal, todo estaba a oscuras pero la cámara infrarroja lo veía todo con esa frialdad que tienen las imágenes nocturnas: sin color, sin calor.
Lo vi salir de la cama.
Tomé el control y moví la aspiradora despacio, sin apuro, hasta posicionarla frente a la puerta del baño. Calculé el ángulo. Esperé.
Cuando salió, la deslicé con precisión justo bajo su pie.
El golpe fue seco. Escuché — o imaginé escuchar, a través del techo — el impacto contra algo duro. El lavatorio, quizás. O el borde del inodoro. Después el sonido de una caída que no tuvo rebote.
Silencio.
Encendí la cámara. La imagen tardó un segundo en estabilizarse.
La cámara de la aspiradora tomaba el cuerpo sin vida tirado en el baño. La aspiradora seguía funcionando, pese al pisotón. La guié de vuelta a su rincón en la habitación principal. Apagué la pantalla.
Se acabaron los ruidos, espero que los nuevos vecinos no necesiten una aspiradora.


Basado en la nota: https://www.infobae.com/tecno/2026/03/08/hackeo-7000-robots-aspiradoras-con-un-control-de-playstation-y-ahora-tiene-usd-30000-en-su-cuenta/










martes, 3 de febrero de 2026

911

 


El teléfono sonó una sola vez.
—Policía, ¿qué ocurre?
—Mis papás están peleando —dijo una voz de nena—. Tengo miedo.
El oficial miró la pantalla: Lanús Oeste.
—Tranquila, ya sé dónde estás. Contame qué pasa.
—Estoy en la cocina... papá insulta, mamá grita. Se rompió algo de vidrio. Creo que se están lastimando.
El operador ya estaba llamando al móvil más cercano.
—Listo, ya va un patrullero. Quedate conmigo al teléfono. ¿Estás lastimada? ¿Por qué pelean?
Hubo un silencio largo. Demasiado largo.
—Creo que es por mi culpa.
—¿Cómo por tu culpa?
La voz se volvió un susurro.
—Se echan la culpa porque me morí.



domingo, 28 de diciembre de 2025

Aplicación de sueño

 


Mi reloj inteligente llegó justo a tiempo. Vivo sola y necesitaba saber si ronco por las noches, hoy lo configuré para grabar sonidos durante el sueño.

A la mañana siguiente reviso la grabación, hay un pico cerca de las 3 a.m. Se escucha mi respiración pausada, profunda. Luego el chirrido del armario al abrirse, pasos descalzos sobre la madera, la puerta de mi cuarto. Más pasos bajando la escalera, el tintineo de platos en la cocina, los pasos regresan. El armario se cierra de golpe.

No ronqué en toda la noche.


Para ver esta historia en video: 
Aplicación de sueño . YouTube



















lunes, 3 de noviembre de 2025

Decoraciones

 


El barrio despertó en la mañana después de Halloween.
Las calabazas estaban en los jardines, cansadas de sonreír toda la noche.
Con el paso del día, todos fueron saliendo a desmontar guirnaldas, luces y telarañas.
Solo en la casa del centro el gran árbol mantenía al vecino colgado, balanceándose suavemente.

miércoles, 15 de octubre de 2025

Rompecabezas

 


Damián era un niño callado, de esos que parecen vivir dentro de su propio mundo. Le fascinaban los rompecabezas: podía pasar horas encajando piezas diminutas con una concentración casi hipnótica. Sus padres lo miraban con ternura, aunque a veces se preocupaban. “Tiene que salir más, jugar con otros chicos”, decía su madre mientras le preparaba la merienda.

Habían comprado hacía poco una casa antigua, con un fondo enorme donde ella cultivaba rosales. El padre, después de hablar con un psicólogo, decidió regalarle un cachorro. “Para que lo saque a pasear, para que se conecte”, le dijo. Y funcionó: el pequeño Damián empezó a pasar más tiempo afuera, entre risas y ladridos. Cómplices perfectos. El perro, feliz, nunca se quedaba quieto y Damían reía.

Las tardes se llenaron de sol, de ladridos y gritos felices.

La madre disfrutaba verlo jugar desde la ventana. —Al fin— pensó, —está saliendo de su caparazón—

Una tarde, al volver del trabajo, el padre escuchó los ladridos entusiastas del cachorro. Sonaban distintos, agudos, excitados. Cruzó el pasillo, salió al patio y vio a su hijo agachado sobre la tierra, tan concentrado como siempre.

Frente a él, un rompecabezas de blancos huesos humanos se extendían sobre la tierra recién removida.

—Mirá, papá —dijo el niño sin levantar la vista— Ya casi termino. Solo me falta la cabeza.




Si querés ver el video de esta historia, pulsa aquí: 

YouTube_Rompecabezas


Reflejo Fracturado

 


La encontré en el Sector 7, en los restos de lo que antes fue el Museo de Historia Humana. Llevaba tres ciclos buscándola: la última imagen de mi hermano antes de que lo llevaran.

El cristal estaba agrietado, pero su rostro seguía ahí, perfectamente preservado en el marco de visualización cuántica. Estos dispositivos antiguos tenían la capacidad de capturar no solo la apariencia física, sino también fragmentos de la consciencia. Por eso la Corporación los prohibió después del Colapso.

Toqué la superficie fría. Las grietas no eran por el tiempo, sino por algo que había intentado salir... o entrar.

—No deberías estar aquí —susurró una voz detrás de mí.

Me giré. Una silueta se alejaba por el pasillo oscuro, dejando un rastro de pétalos marchitos. Pétalos rojos, como los que mi hermano solía cultivar en su laboratorio biogenético.

—¡Espera! —grité, pero ya había desaparecido.

Volví al retrato. Los ojos de mi hermano que me miraban no eran como yo recordaba. Noté algo terrible: sus labios se movían. Lentamente, formando palabras en silencio. Ambos habíamos aprendido a leer los labios, el antiguo codigo morse, lengua de señas, como todos los Disidentes.

"No me busques. No soy yo."

El cristal comenzó a brillar generando calor, eso no era bueno, los cristales no funcionaban de esa forma pero este estaba roto, fragmentado. Los símbolos en las paredes del museo —antiguos códigos de advertencia— parpadearon en secuencia. Entendí demasiado tarde lo que significaba este lugar: Era una prisión. Un laboratorio, no un museo como era antes.

Mi hermano no había sido seuestrado por la Corporación. Él había sido el primero en cruzar. El propio creador de esto. El primero en descubrir que los marcos cuánticos no solo capturaban la consciencia... sino que eran puertas.

Y ahora, al tocarlo, acababa de abrir la cerradura. Mi código genético, tan similar.

Las grietas del cristal comenzaron a extenderse por las paredes, el piso, la realidad misma. Detrás de mí, escuché pasos. Muchos pasos. Todos sonando como los míos.

Me levanté para escapar, pero mi reflejo en el cristal roto no se movió conmigo.

Sonreía.



viernes, 19 de septiembre de 2025

Acompañante

 


Juan detuvo el camión en la estación de servicio. Dieciocho horas al volante, los párpados pesándole como plomo. Bajó a estirar las piernas, sintiendo cada músculo entumecido.

Al volver a subir, le comentó al playero por la ventanilla:

—Llevo horas manejando, hermano. Y me queda un largo trecho todavía.

El motor rugió al encenderse. El playero se acercó y gritó por sobre el ruido:

—¡Suerte jefe, al menos tiene a esa hermosa mujer en el asiento del acompañante que le ceba mates!

Juan sintió como si le hubieran echado agua helada por la espalda.

Él viajaba solo.

Sus manos se aferraron al volante. No se atrevió a mirar hacia el asiento de al lado. El sueño se le había esfumado por completo.

El camión se perdió en la oscuridad de la ruta, llevando a Juan... y a quien fuera que lo acompañaba en silencio.



(Gracias Juan por la idea para el cuento!)

domingo, 7 de septiembre de 2025

El último mensaje

 


Después de perder a su hijo al nacer, Laura y Andrés decidieron mudarse. La casa anterior era un lugar muerto, un recordatorio que dolía con sólo abrir los ojos. Eligieron una vivienda en un barrio tranquilo, con paredes recién pintadas y la falsa promesa de un nuevo comienzo.

La primera noche encendieron la vieja estufa del dormitorio. El calor se extendió despacio mientras se acostaban, cansados, sin ganas de hablar. Laura abrazó la almohada como si pudiera sostenerla; Andrés se quedó mirando el techo, sintiendo el vacio.

Entonces lo escucharon: un ruido leve, casi un suspiro de niño, de algo que caía abajo de la cama.

Andrés se inclinó con cuidado. Al meter la mano, sintió la aspereza del papel. Era una hoja pequeña, doblada varias veces, amarillenta en los bordes, como si llevara años ahí escondida. La abrió con las manos temblando.

La letra era infantil, desprolija, escrita a las apuradas: "Papá, mamá... revisen la llave. Pierde gas."

En ese instante, la llama de la estufa titiló, se encogió y se apagó. 

Laura tomó la nota. En la esquina, con la misma letra insegura, había una firma que nunca habían llegado a conocer: "Su hijo que los cuida. Mateo."

El olor a gas empezó a invadir la habitación. Dulce. Espeso. Como una canción de cuna envenenada.




martes, 10 de mayo de 2022

Material de los sueños

 


En un lugar inefable, un dios (Dios para sus fieles) habia terminado la creación. Esa, una, muchas.
Con su divino trazo, escribía con luces y sombras sobre ásperas superficies algunos cuentos, historias. Cada tanto uno le gustaba, lo corregía y aparecía en una de sus creaciones, como un evento en el mundo, como un animal o monstruo mítico e imposible. 
Pero muchos bocetos quedaban en nada, y los descartaba en luminoso polvo infinito.
Ese era el material de los sueños de quienes apaciblemente o no, dormían cada noche.





lunes, 25 de octubre de 2021

El Diablo una vez se enamoró

 


Las historias cuentan que el Diablo una vez se enamoró.

Embelezado se acercó a ella y al tocarla sintió que su piel ardía como ardían las almas que él torturaba, sintió en sí mismo la tortura del deseo de besos negados, de deseos imposibles. Cuentan que volvió a ser un ángel para alcanzarla, que sufrió el propio infierno por los labios de una mortal, que le devolvió el amor dentro de su lujuria, que le devolvió el anhelo sin deseo, y le recordó la mortalidad a su ser eterno. Cuentan que lo vieron caminar calles vacías en el silencio de la melancolía, del dolor insondable de una pérdida irreparable. Cuentan que el propio Diablo lloró en un recuerdo.



martes, 19 de octubre de 2021

Leyendas Urbanas


 

01.- Pisás una baldos floja: Hoy va a ser un mal día.

02.- Un pájaro canta cuando pasás bajo el árbol donde está: Un ángel te vigila.

03.- Te sorprende una lluvia sin paraguas: Habrá frío en tu alma.

04.- Un rayo de sol se escapa para alcanzarte en un dia nublado: Los amigos estarán cuando los necesites.

05.- Olvidas ponerle azúcar al café: Momentos de amargura se avecinan.

06.- Se rompió el saquito de té en el desayuno: Algo que se rompió no puede arreglarse.

07.- La leche hierve y se derrama: Recibirás un llamado muy esperado.

08.- Despertás un minuto antes de la alarma del despertador: Los pensamientos te perseguirán todo el día.

09.- Se quemó la lamparita: El mundo en tu corazón pierde color.

10.- El mar borra su nombre en la arena: Le extrañaré por siempre.



lunes, 4 de octubre de 2021

Agujas

 


El ladrón entró por la ventana de mi habitación y saltó sobre mí con un cuchillo, sentí su cuerpo aplastándome  y golpeé el despertador que cayó con las agujas detenidas para siempre en las 3:38; fue lo último que ví mientras sentía que mi garganta se desgarraba, y me desperté.

Con la respiración aún acelerada miré el despertador que marcaba las 3:37. Alcancé a mirar a la ventana antes de sentir su cuerpo sobre mí...


Selfie

 



Había olvidado por fin su pérdida, enamorado de otros labios, de otra mirada. Se sacaron una selfie mientras se besaban, con los ojos perdidos uno en el otro, y al ver aún abrazados la foto recién sacada en el teléfono, descubrieron en ella el espíritu de su ex novia junto a ellos mirándolos con odio, con una guadaña inmaterial en la mano.

domingo, 3 de octubre de 2021

Asesino inocente

 



En sus sueños era el mísero prisionero de una torre oscura.

Noche tras noche los suelos se hicieron más vívidos, más reales.

Soñó que era prisionero por una serie de aterradores asesinatos.

Otras personas durmieron y soñaron su sueño, y sufrieron su muerte.

Él salía a caminar, cada mañana por el parque Rivadavia, como si nada hubiera ocurrido.

sábado, 2 de octubre de 2021

Ultrasonido

 


Gran parte de las experiencias paranormales que nos desorientan es debido a que nuestro cerebro se confunde al captar infrasonido, un rumor que hace a las personas ver y escuchar cosas que no están ahí.

Un sonido casi inaudible igual al de la respiración afanosa del espíritu que sí se encuentra ahí.

jueves, 30 de septiembre de 2021

Maldición artística

 


— ¡Rómpete una pierna!, le gritaron segundos antes de subir al escenario el día de su debut como actríz, y minutos antes de que la caída del decorado sobre ella la dejara inválida para siempre.


Prohibir y castigar

 



El rey amaba prohibir y castigar.

Prohibió el robo y los asaltos terminaron. Sus leyes se cumplían.

Prohibió derramar líquido y tirar la comida, y los penó con la muerte.

Al firmar el decreto derramó el tintero que usaba para mojar su pluma. 

Sus guardias derramaron su sangre, pero sin él ya no se cumplía la ley.



jueves, 1 de julio de 2021

Microrrelatos: A ti que lees mi blog

 


A  ti hermosa, que lees mi blog en la noche desde tu cama, con la luz apagada y el celular en la mano. Sonríe. Nunca estás sola, si te das vuelta siempre puedes ver esa niña muerta mirándote justo detrás de ti 



martes, 27 de octubre de 2020

Otro día más

 



Ese hombre trabajó... ¿Quién escribirá su historia?

El Témpano - Adrián Abonizio 


Se despertó temprano a la mañana con el estridente sonido del despertador. Afuera aún era de noche. Se duchó, procurando no hacer ruido, los chicos aún dormían. Cuando salió su esposa estaba levantada, preparando la ropa para que llevaran al colegio. Se vistió y desayunó casi sin abrir los ojos, pese a que la ducha lo había despertado un poco. Les vecinos golpeaban en el techo, un camión hizo sonar la bocina. Las tostadas estaban un poquito quemadas, pero a él le salían peor. Se fué sin ver a los chicos levantados. El aire afuera era frío, la luz del amanecer resaltaba el gris de la ciudad de asfalto e invierno. Otro día de trabajo. Se perdió en la subterranea normalidad del subte, miles de personas iguales, extraños entre sí, alienados y molestos de estar apretados con caras de cansados aunque recién comenzara el dia. Luego, llegar al trabajo, la pausa para almorzar a las corridas, alguna conversación casual, sin importancia. La presión de terminar el día, el eterno regreso, con un día menos de vida , leyendo los titulares de las noticias que son sólo caos y desesperanza, con el faro lejano de un feriado largo en unos meses. 

Llegó a casa, abrió la puerta.

— Papá!, papi! —gritaron los chicos corriendo a abrazarlo.

...Mirá lo que hice en la escuela, se me cayó un diente, mirá este juego, empecé este libro que vos me dijiste, Irene se golpeó en el recreo, la maestra explicó algo de matemáticas que no entendí, me invitaron a jugar el intercolegial de fútbol...

Con la más chiquita a upa, dejó las cosas y les dijo — ¿ya merendaron?

— Noooooo! las dos voces hicieron un coro negativo y expectante.

— Les preparo una leche, tomo un café y me cuentan, ¿si?  

La mesa se cubrió de dibujos, tazas, cacao, cuadernos de tareas y un paquete de galletitas.

Alzó la vista para encontrar la sonrisa de su esposa, se acercó a abrazarla.

Y recuperó el día que había perdido, y lo hizo mágico.




Para leer escuchando El Témpano:

https://www.youtube.com/watch?v=l6pZSs42mdM&ab_channel=Marcesciacca




viernes, 21 de agosto de 2020

Árbol verde claro

 

Hoy vi la imagen de un árbol dibujado en un cuento para niños, y me acordé del verde claro. Si, el color, el del lápiz verde claro que usaba siempre para los árboles por ahí porque no me gustaban los árboles oscuros, fantasmales y serios, sino que me gustaban verdes, brillantes, con copa con onditas y redondos por más que —para mi capacidad para el dibujo— hacer un simple pino ya era un acto frustrado desde antes de comenzar. Era intentar hacer una pintura realista con el chip de caricaturista puesto: unos palitos y unas curvas esquemáticas trataban de representar la realidad de un árbol que se hacía inmarcesible para mi habilidad a esa edad... o nunca, o siempre, como prefieran verlo. Pero con marrón oscuro y el verde claro, un verde manzana verde, un color de luz y brillo como no había otro en la caja de lápices. Porque el amarillo no se veía sobre el papel blanco y el sol era una sombra apenas en el cielo que obligaba darle bordes negros para que se notara acaso que ahí había algo. A veces al lado del árbol la casita con techo alpino, rojo; o acaso otra cosa, pero siempre tenía que estar el árbol, con su copa verde manzana claro. Capaz más adelante le llegué a dibujar ramas, capaz con el tiempo se acabó la luz y cambié el color, capaz dejé de usar lápices y me atrajeron las fibras hasta que dejé de dibujar y ese mundo mágico de colores quedó abandonado. Cómo un tiempo de una niñez que ya pasó. Pero olvidado, no.

¿Quién tiene lápices? Dibujemos...