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lunes, 9 de marzo de 2026

Espero que los nuevos vecinos no necesiten una aspiradora

 


Mi amigo se compró una nueva aspiradora para pisos automática, con control manual y automático y hasta cámara infrarroja en un sitio de ventas chino, muy, muy barata. Cuando me la mostró me dijo que el sistema le pasaba un plano de por donde iba, y un registro de esto al teléfono. Pero cuando instalé la app en mi teléfono para "jugar" un rato, la aspiradora respondía a los dos. A él y a mí. Noté que era por el protocolo de conexión: señal abierta. Sin contraseña. Sin encriptación. Podíamos pelearnos el control desde extremos distintos del departamento. Bromeamos con comprar dos y hacer batallas de robots. Nos comportamos como adolescentes durante una hora.
Pero en algún momento de esa tarde le conté mi problema, me tenía que mudar de departamento porque mi vecino de arriba era músico o creía serlo, y se pasaba tocando con su banda todos los fines de semana y a veces practicando durante la semana, era imposible vivir en el piso de abajo. Ruidos, música, gritos. Y a eso se sumaba su costumbre de levantarse en mitad de la noche y caminar descalzo, el impacto de los talones contra el piso de madera, ya ni con pastillas lograba dormir.
Esa tarde, cuando volví a casa y escuché el estruendo ya desde el pasillo — antes de abrir la puerta —, tuve la idea.
Encargué una aspiradora igual a la de mi amigo, esperé la compra y finalmente llegó. La configuré con cuidado: notificaciones activadas, cámara habilitada, señal abierta — como correspondía. Después la envolví en papel de regalo, escribí el nombre del vecino en un sobre y dejé el paquete en el correo del edificio sin que nadie lo notara.
Finalmente a la noche recibí una notificación: la aspiradora ya funcionaba. A través de la cámara vi su living en blanco y negro infrarrojo: muebles, alfombra, una guitarra eléctrica apoyada contra la pared. Él la había puesto en modo automático y la dejó limpiando. 
Esperé dos días.
La tercera noche me despertó como siempre: saltando de la cama, el golpe sordo de los talones contra la madera. Me senté en la cama. Encendí la pantalla. La aspiradora negra estaba quieta en un rincón de la habitación principal, todo estaba a oscuras pero la cámara infrarroja lo veía todo con esa frialdad que tienen las imágenes nocturnas: sin color, sin calor.
Lo vi salir de la cama.
Tomé el control y moví la aspiradora despacio, sin apuro, hasta posicionarla frente a la puerta del baño. Calculé el ángulo. Esperé.
Cuando salió, la deslicé con precisión justo bajo su pie.
El golpe fue seco. Escuché — o imaginé escuchar, a través del techo — el impacto contra algo duro. El lavatorio, quizás. O el borde del inodoro. Después el sonido de una caída que no tuvo rebote.
Silencio.
Encendí la cámara. La imagen tardó un segundo en estabilizarse.
La cámara de la aspiradora tomaba el cuerpo sin vida tirado en el baño. La aspiradora seguía funcionando, pese al pisotón. La guié de vuelta a su rincón en la habitación principal. Apagué la pantalla.
Se acabaron los ruidos, espero que los nuevos vecinos no necesiten una aspiradora.


Basado en la nota: https://www.infobae.com/tecno/2026/03/08/hackeo-7000-robots-aspiradoras-con-un-control-de-playstation-y-ahora-tiene-usd-30000-en-su-cuenta/










sábado, 22 de noviembre de 2025

18:15

 


Primavera en Buenos Aires. El aire tibio se siente soplando entre los edificios de Congreso mientras subo al colectivo. Salí puntual y el colectivo llegó en seguida, son 18:05. El saco me pesa sobre los hombros, la camisa se siente algo transpirada y sin duda algo arrugada después de nueve horas frente a la computadora.

El colectivo va lleno. Me agarro del caño vertical junto a un asiento individual. Una chica joven ocupa el lugar, los ojos fijos en la pantalla del celular, el pelo castaño cayéndole sobre la cara.
Miro más adelante: cerca de la puerta del medio, hay otra mujer de pie. Vestido verde, informal, pero con cierta elegancia, algo fuera de época. Cabello oscuro, ojos verdes que parecen mirar sin mirar. Me llama la atención porque en el vaivén del colectivo no se sujeta a nada. Ella permanece inmóvil, como si el movimiento no la alcanzara. Acaso una bailarina.
La chica del asiento se lleva una mano a la cara. Sus hombros tiemblan apenas. Trata de esconderlo, pero las lágrimas corren silenciosas por sus mejillas.
—¿Estás bien? —le pregunto en voz baja.
Levanta la vista. Me mira con los ojos brillantes, enrojecidos, y entonces sonríe. Una sonrisa explosiva, luminosa.
—Sí —susurra—. Sí, estoy bien. ¡Muy bien! — sonríe radiante mientras se limpia las lágrimas con  la mano— Hace casi dos años que vengo peleando con una leucemia. Hoy me confirmaron que no hay rastros. Nada. Estoy curada.Acabo de recibir los resultados.
Le devuelvo la sonrisa. Algo lindo me sube por el pecho.
—¡Es genial! ¡Felicitaciones!
Ella asiente, los ojos perdidos en algún punto más allá de la ventanilla, como si recién ahora pudiera ver el futuro.
—Ahora sí puedo pensar en todo lo que venía posponiendo. No podía pensar en nada, no quería ni soñar en ponerme de conocera a alguien, ponerme de novia, casarme, viajar... —me mira de nuevo—. Siempre quise conocer Japón. Los cerezos en flor, ¿sabés? Cómo en los videos. Pero tenía miedo de hacer planes. Miedo de que no hubiera tiempo.
—Ahora sí, tenés todo el tiempo del mundo —le digo.
Ella mira hacia adelante, hacia la ventanilla.
—Es mi parada. Sonríe otra vez, iluminando el día.
Se levanta. Yo me deslizo para sentarme en el asiento todavía tibio. El colectivo avanza, ella camina hacia el centro buscando la puerta del medio.
Y entonces suena un bocinazo brutal. Un grito afuera. El frenazo.
El colectivo se detiene con violencia, una sacudida que nos lanza a todos hacia adelante. Un breve ruido sordo de metal. Un vidrio que estalla en algún lugar.
La chica estaba en el escalón central, a punto de bajar a la calle. El frenazo brutal la desequilibró y la lanzó de cabeza contra el mismo caño metálico del que yo me había sujetado minutos antes. El sonido del golpe en la cabeza es seco, definitivo. Su cuerpo se desploma. Un segundo de silencio absoluto antes de que empiecen los gritos. Ya no hay tiempo para los cerezos en flor.
No hubo otras víctimas, mas allá de algunos golpes. Llegó la policía, una ambulancia. Retuvieron a los pasajeros, todos conmocionados, mientras los médicos atendían los golpes y el susto, el colectivo fué vaciándose de a poco. Me quedo en la vereda hasta que se llevan el cuerpo cubierto con una lona amarilla. El chofer llora con las manos sobre el volante.
Camino hacia casa por Avenida Rivadavia, las piernas me tiemblan. La ciudad sigue como si nada. El tráfico, las luces de neón empezando a encenderse, la gente apurada. Una vida menos, olvidada de inmediato.
Un segundo. Un solo segundo para pasar de la muerte a la vida, de la vida a la muerte. Dos años peleando, y todo se derrumba en un frenazo. El novio soñado que nunca tendrá. El viaje que nunca hará. Todo un futuro trunco.
La chica de vestido verde sigue de pie junto a la puerta. No se movió durante el choque, aunque nadie le prestó atención. Sabe hacer que nadie le preste atención. Miró el cuerpo en la ambulancia con la misma expresión serena de quien observa una escena que ya conoce de memoria. Se quedó cerca, pero no mucho, aunque la siguió con su mirada fija, paciente. Triste.
Algunos la llaman Perséfone. La mayoría simplemente, Muerte.
Camina por Buenos Aires como quien cumple un turno en la oficina. Siempre puntual. Siempre presente. No le gusta su trabajo, al menos, no lo disfruta. Observando desde el rincón del colectivo, desde la esquina de la calle, desde una mesa de café.
Esperando. Porque para ella, todos tenemos una parada. 


miércoles, 15 de octubre de 2025

Reflejo Fracturado

 


La encontré en el Sector 7, en los restos de lo que antes fue el Museo de Historia Humana. Llevaba tres ciclos buscándola: la última imagen de mi hermano antes de que lo llevaran.

El cristal estaba agrietado, pero su rostro seguía ahí, perfectamente preservado en el marco de visualización cuántica. Estos dispositivos antiguos tenían la capacidad de capturar no solo la apariencia física, sino también fragmentos de la consciencia. Por eso la Corporación los prohibió después del Colapso.

Toqué la superficie fría. Las grietas no eran por el tiempo, sino por algo que había intentado salir... o entrar.

—No deberías estar aquí —susurró una voz detrás de mí.

Me giré. Una silueta se alejaba por el pasillo oscuro, dejando un rastro de pétalos marchitos. Pétalos rojos, como los que mi hermano solía cultivar en su laboratorio biogenético.

—¡Espera! —grité, pero ya había desaparecido.

Volví al retrato. Los ojos de mi hermano que me miraban no eran como yo recordaba. Noté algo terrible: sus labios se movían. Lentamente, formando palabras en silencio. Ambos habíamos aprendido a leer los labios, el antiguo codigo morse, lengua de señas, como todos los Disidentes.

"No me busques. No soy yo."

El cristal comenzó a brillar generando calor, eso no era bueno, los cristales no funcionaban de esa forma pero este estaba roto, fragmentado. Los símbolos en las paredes del museo —antiguos códigos de advertencia— parpadearon en secuencia. Entendí demasiado tarde lo que significaba este lugar: Era una prisión. Un laboratorio, no un museo como era antes.

Mi hermano no había sido seuestrado por la Corporación. Él había sido el primero en cruzar. El propio creador de esto. El primero en descubrir que los marcos cuánticos no solo capturaban la consciencia... sino que eran puertas.

Y ahora, al tocarlo, acababa de abrir la cerradura. Mi código genético, tan similar.

Las grietas del cristal comenzaron a extenderse por las paredes, el piso, la realidad misma. Detrás de mí, escuché pasos. Muchos pasos. Todos sonando como los míos.

Me levanté para escapar, pero mi reflejo en el cristal roto no se movió conmigo.

Sonreía.



martes, 23 de septiembre de 2025

Fragmentos de tiempo

 


Los domingos en San Telmo, entre los puestos de antigüedades y los bailarines de tango callejero, un dia apareció un hombre que vendía pedazos de espejos rotos, rajados. 

Julian había llegado una madrugada de marzo, instalando su puesto bajo los plátanos de la Plaza Dorrego. Los vecinos lo notaron inmediatamente: no por su aspecto —barba gris, ojos cansados, manos manchadas de pegamento—, sino porque sus espejos parecían reflejar cosas extrañas.

El primer indicio fue con doña Mercedes, la señora del puesto de empanadas.

—¿Cuánto por ese espejito? —preguntó, señalando uno triangular con una grieta en zigzag.

—No es para vos —dijo Julian, sin levantar la vista—. Te mostraría algo que no querés ver.

Mercedes insistió. Pagó los mil pesos y se llevó el espejo.

Al día siguiente volvió, pálida como papel.

—¿Qué me hiciste? —susurró—. Vi a mi hermana. La que murió hace diez años. Pero... estaba viva. Tenía arrugas que nunca tuvo. Me sonreía desde una mesa de Navidad que nunca llegamos a compartir, estaba mi nieto.

Julian asintió despacio.

—Algunos espejos muestran los caminos que el tiempo no tomó. Otros los que puede tomar.

La noticia se esparció poco a poco, entre susurros. Cada domingo, el puesto de Julian se llenaba de curiosos, escépticos y desesperados.

Una adolescente compró un espejo ovalado y vio su propia boda con un chico de su clase que ni siquiera sabía que existía. Una mujer de mediana edad se llevó uno rectangular y contempló preocupada cómo su hija de ocho años mostraba tener cuarenta y la culpaba por decisiones que aún no había tomado.

Pero la historia que cambió todo fue la de Lucía.

Era una chica de veinte años que estudiaba filosofía. Llegó al puesto un domingo lluvioso, cuando había menos gente.

—¿Realmente funcionan? —preguntó, tocando un espejo circular con por una fisura casi imperceptible que lo atravesaba como un río. 

—Depende de lo que estés buscando —respondió Julian—. Algunos buscan certeza. Otros, perdón.

—Yo busco... dirección. No sé qué hacer con mi vida.

Julian la estudió con cuidado. Luego sacó de una caja de madera un espejo entero, que parecía normal salvo una estrella de grietas en el centro.

—Este te va a doler —advirtió—. Pero también te va a servir.

Lucía lo compró sin dudar.

Esa noche, en su departamento de San Cristóbal se miró en el espejo roto. Primero vio su reflejo normal. Luego, la grieta comenzó a brillar con una luz azulada iluminando fragmentos uno tras otro.

Se vio a los treinta, convertida en una escritora famosa, pero sola y amargada. Se vio a los cuarenta como una madre feliz en Mendoza, rodeada de hijos que nunca conocería si seguía su plan actual. Se vio a los sesenta como una profesora querida, inspirando a estudiantes en aulas que aún no existían.

Pero lo que más la impactó fue verse a los ochenta años, en ese mismo departamento, rodeada de libros y fotos, sonriendo a una versión joven de sí misma que la miraba desde el espejo.

—Elegí lo que te haga feliz en cada momento —sintió que decía su yo anciana—. Los caminos se bifurcan, pero todos llevan a donde necesitás estar.

El espejo se apagó.

Al domingo siguiente, Lucía volvió al puesto. Quería agradecer a Julian, pero el lugar estaba vacío. En el suelo, solo quedaba un pequeño cartel pintado en metal que decía: "El tiempo no es una línea. Es un espejo roto. Cada fragmento refleja una posibilidad. La magia (el arte) está en elegir qué pedazo mirar."

Lucía levantó la placa. Debajo había una nota escrita a mono de forma apresurada:

"Los espejos del tiempo solo funcionan para quienes están listos para cambiar su presente. Mi trabajo aquí terminó. Los fragmentos que quedan en la ciudad encontrarán a quienes los necesiten. —J."

Desde entonces, cada tanto aparecen en San Telmo espejos rotos en lugares inesperados: en el marco de una ventana, entre servilletas de una mesa de café, entre libros viejos de una librería.

Los lugareños han aprendido a reconocerlos: brillan ligeramente al tocarlos, y si alguien se anoma a mirarse, puede ver no solo quién es, sino quién podría llegar a ser.

Con el tiempo se descubrieron reglas para usarlos, por ejemplo: solo podés usar uno de ellos, sólo una vez, por año.

Porque el futuro así como el vidrio, es frágil, y mirarlo demasiado seguido puede quebrarte.




viernes, 19 de septiembre de 2025

El Misterio del Majestic of the Stars

 


Jennifer Miller desapareció en su luna de miel y el caso fue un misterio. Veinte años atrás, Jennifer Miller de Hagel y su reciente esposo emprendieron uno de los viajes más esperados por cualquier pareja, su luna de miel. Embarcó junto a su esposo, George Hagel en un crucero internacional en un camarote de lujo, espacioso y con balcón, sin saber la tragedia que ocurriría después. Hasta hoy, su desaparición generó controversia incluso con la intervención del FBI.
La familia de Jennifer buscó justicia y respuestas sobre lo que realmente ocurrió aquella noche en alta mar, durante una gran tormenta,  mientras la incertidumbre y el dolor persisten tras el cierre oficial del caso. "De alguna manera, haremos justicia para Jennifer. Alguien hablará. Y qué vergüenza para quienes no lo hagan. Qué vergüenza para quienes nos han hecho pasar por este infierno", destacaron desde el entorno.
El misterioso viaje de Jennifer Miller
El 5 de julio de 2014, el Majestic of the Stars de Caribbean Crown navegaba cerca de San Juan, Puerto Rico, cuando Carola una pasajera española de 16 años que viajaba con sus padres fotografió una pequeña mancha de sangre en el dosel de un bote salvavidas justo a la altura del camarote de Jennifer Miller. Poco después, y advertidos por los padres de la adolescente, la tripulación descubrió la ausencia de la mujer de 24 años quien no se encontraba en su camarote ni en ninguna otra parte del barco.
La noche de la desaparición, los recién casados compartieron bebidas y juegos en el casino del crucero junto a otras parejas y un grupo de jóvenes: Marcus Foster, estudiante universitario de California, los primos Daniel y Kevin Peterson y su amiga Helen Hoffman, todos de origen alemán-estadounidense.
Las cámaras de seguridad captaron a la pareja en el casino, mientras testigos recordaron que ambos presentaban signos de ebriedad al terminar la noche. Posteriormente, el grupo se dirigió a la discoteca, donde la cercanía se elevó considerablemente debido al alcohol.
Según lo declarado por el abogado Albert Dayan, representante de Hoffman, se produjo una fuerte discusión entre George y Jennifer que terminó con la salida abrupta de ella hacia la discoteca y según algunos comentarios de gente de la tripulación, lo hizo acompañada por el gerente del casino Lloyd Santos. No obstante, investigaciones posteriores y los registros del barco, citados por el abogado Mike Jones, desmintieron esta versión ya que se puede ver que Santos en realidad sí bien salió casi al mismo tiempo, ingresó a la cabina de su novia camarera a las 3:25 AM, cuando Jennifer caminaba por los pasillos en dirección a la discoteca.
También se puede ver como apenas 27 minutos después, los jóvenes ayudaron a Jennifer que se mantenía de pie con dificultad a regresar a su camarote, donde George no se encontraba. El grupo declaró a la policía de Estados Unidos que, tras dejarla en la habitación, no volvieron a verla.
Sin embargo el testigo Clete Hyman, subjefe de policía que estaba de vacaciones en el crucero, aseguró que escuchó gritos en el camarote poco después de las cuatro de la mañana, seguidos de ruidos violentos y un golpe seco, que cree que corresponde al momento en que Jennifer cayó por la borda.
Greg y Pat Lawyer también oyeron sonidos de forcejeo y muebles moviéndose, que los despertaron mientras dormían en la habitación contigua. En tanto, George fue hallado desmayado en un pasillo del barco alrededor de las 4:30 AM, ebrio, sin recordar los acontecimientos posteriores a su salida del casino. En declaraciones públicas, George Hagel afirmó: "No solo me molestó y asustó perder la memoria, sino que nadie me crea. No sé qué pasó", ya que por supuesto fue el primer sospechoso tras conocerse la desaparición.
El capitán del barco sugirió como primera hipótesis un accidente teorizando que Jennifer, bajo los efectos del alcohol, pudo haber salido al balcón de su camarote, caído desde la barandilla por el movimiento que provocaba la tormenta y haberse golpeado contra el bote salvavidas que estaba amarrado inmediatamente debajo. Sin embargo, esta explicación fue rechazada por la familia, que consideró la presencia de sangre en la habitación y los testimonios sobre una pelea como indicios de un posible crimen. Sarah Miller, hermana de la víctima, subrayó: "La sangre es una prueba contundente. Había sangre en la habitación".
Como detalle macabro, al revisar la policía la habitación de la víctima descubrieron que la sangre coincidía con la de Jennifer. También encontraron un dedo que había rodado debajo de un armario, que la seguridad del buque no había encontrado. 
El FBI inició una investigación, que se prolongó durante casi una década y acumuló casi 100.000 páginas de documentos. Los cuatro jóvenes que acompañaron a Jennifer la última noche se convirtieron en el eje de la indagación. Durante los interrogatorios realizados por el abogado Mike Jones, tanto Marcus Foster como Daniel Peterson invocaron su derecho a no autoincriminarse y se negaron a responder incluso preguntas básicas.
Helen Hoffman declaró no recordar detalles claves, mientras que Kevin Peterson, entrevistado en prisión por robo y agresión en 2019, negó cualquier implicación: "Asesinar es otra cosa, amigo. No me apetece matar a nadie".           
El grupo sostuvo como coartada que, tras dejar a Jennifer en su camarote, permanecieron en la habitación de Daniel y Kevin pidiendo comida al servicio de habitaciones. Sin embargo, los registros del barco obtenidos por Jones en 2019 demostraron que no hubo constancia de que se entregara algún pedido: "La información que recibimos de Caribbean Crown prácticamente echó a perder la coartada sobre el servicio de habitaciones. O alguien más miente", afirmó Jones.
El FBI realizó pruebas de polígrafo a George y al gerente del casino, cuyo resultado fue satisfactorio, mientras que los jóvenes permanecieron bajo sospecha. Un video grabado por algunos de ellos horas después de la desaparición, descrito por Jones como "ridículamente provocativo", incrementó las dudas sobre su implicación.
Quienes acompañaron a Jennifer Miller en la noche fatal, volvieron a estar en el centro de la polémica tras la aparición de una grabación. El material, bajo custodia del FBI, captura a los implicados mientras discuten la muerte de manera inquietante, según Mike Jones, quien considera que la grabación podría aportar elementos claves para esclarecer los hechos.           
El comportamiento de los cuatro jóvenes ha sido objeto de estudio desde el principio. Documentos del crucero muestran antecedentes de mala conducta por parte de algunos miembros del grupo, que incluyeron consumo de alcohol de contrabando y agresiones verbales al personal, así como conducta impropia en lugares comunes.
Dos días después de la desaparición, una pasajera de 18 años denunció un intento de agresión en la habitación de los jóvenes y señaló a Kevin y Daniel Peterson y a Helen Hoffman como responsables. Albert Dayan, abogado de Hoffman, defendió que la relación fue consensuada y que la grabación lo demostraba, mientras Keith Greer, representante de Marcus Foster, aseguró que su cliente no participó en el acto y que ya se había retirado a descansar esa noche y que la joven se aprovechó del resto. Marcus no aparece en los videos.
Según Mike Jones, en una filmación realizada horas después de la caída de Jennifer, los jóvenes aparecen durante un almuerzo e incluyen comentarios sarcásticos y crueles sobre la muerte de su compañera, llegando a bromear acerca de su dinero.
Una fuente cercana a la investigación reveló que en la cinta, Helen Hoffman menciona que "saltó en paracaídas desde su balcón", una frase que, aunque no constituye confesión, resulta provocadora. El video concluye con Kevin Peterson realizando un gesto de pandillero y diciendo obscenidades.
La hipótesis de Mike Jones señala un posible intento de robo como motivo del incidente, basado en la percepción de que los recién casados tenían una suma considerable de dinero y objetos de valor en la cabina.
Jones considera que una discusión sobre el dinero desencadenó una pelea, lo que explicaría tanto que los demás conocieran la posibilidad económica de la pareja, así como la presencia de sangre en las sábanas y los ruidos reportados por testigos en habitaciones contiguas. Sin embargo, el abogado de Marcus Foster descarta esta explicación y según su cliente atribuye los hechos al consumo excesivo de alcohol durante la noche y el viaje.
El caso atrajo la atención internacional y fue objeto de una amplia cobertura que documentó las contradicciones, la frustración de la familia y la falta de respuestas claras. Declaraciones públicas, como las de George Hagel en varios canales de la televisión, contribuyeron a mantener el caso en el foco mediático.
George Hagel volvió a casarse en 2019 y tiene dos hijos con su nueva esposa.
La llegada de la inspectora Pinkerton
En enero de 2024, tras casi diez años de interrogantes, el FBI anunció el cierre del caso por falta de pruebas concluyentes. Sarah Miller leyó la declaración oficial con lágrimas en los ojos. Sin embargo, la familia Miller no se rindió.
Dos años después, en 2027, los padres de Jennifer contrataron a la inspectora privada Angela Pinkerton, con reputación de poder resolver casos imposibles. Pinkerton había desarrollado métodos poco convencionales que combinaban investigación tradicional con tecnologías avanzadas.
"No acepto casos perdidos", le dijo Pinkerton a la familia Miller en su primera reunión. "Solo acepto casos que nadie más puede resolver."
Durante meses, Pinkerton revisó cada documento, cada testimonio, cada fragmento de evidencia. Se concentró al principio en algo que todos habían pasado por alto: las fotografías de la mancha de sangre tomadas por la pasajera de 16 años.
En marzo de 2027, y mientras analizaba por enésima vez las fotografías de la mancha de sangre, Pinkerton notó algo que había pasado desapercibido: en el reflejo del cristal de una ventana del barco, visible en una de las fotos, aparecía una figura que no correspondía con ninguna de las personas presentes en cubierta.
Para detectar quien pudiera ser esta persona Angela mandó a analizar una muestra de la sangre que había estado en posesión del FBI en busca de posibles coincidencias con alguna persona de la tripulación o del pasaje, pero la sangre era de la propia Jennifer. Lo que sorprendió a la investigadora fue cuando algunos científicos que analizaron la muestra descubrieron también una sustancia desconocida que resultó ser ectoplasma cristalizado. Investigó. En algunos escritos científicos descubrió que este compuesto era una manifestación física de energía dimensional. Pinkerton contactó con la Dra. Miriam Blackwood, a quien conocía de un extraño caso anterior, siendo Miriam una física teórica de la Universidad de Cambridge que había estado estudiando en secreto anomalías dimensionales.
"Esta sustancia sólo se forma cuando dos realidades se superponen", le explicó la doctora Blackwood. "Jennifer no desapareció de nuestro mundo. Se deslizó entre planos."
Siguiendo patrones electromagnéticos anómalos detectados esa noche por estaciones meteorológicas cercanas, Pinkerton descubrió que el área donde navegaba el Majestic of the Stars había experimentado un fenómeno conocido por los expertos como "tormenta dimensional", un suceso donde las barreras entre realidades paralelas se debilitan.
Los gritos y ruidos violentos que los testigos habían escuchado no fueron de una pelea, sino de Jennifer luchando contra la fuerza dimensional que la arrastraba hacia otra realidad. Los cuatro jóvenes habían presenciado el fenómeno, pero el trauma de ver algo imposible había fragmentado sus memorias.
Helen Hoffman, bajo hipnosis regresiva supervisada por Pinkerton, recordó que Jennifer había comenzado a volverse translúcida. "Se estaba desvaneciendo", sollozó durante la sesión. "Como si fuera un fantasma. Tratamos de agarrarla, pero nuestras manos la atravesaban. Luego algo la cortó, como una guillotina, y desapareció por completo"
Pinkerton contactó con el profesor Magnus Thorne, un ocultista y científico especializado en física dimensional de la Universidad de Edimburgo. Usando antiguos rituales combinados con tecnología cuántica moderna, establecieron que podrían crear un "puente dimensional" en las mismas coordenadas oceánicas.
En diciembre de 2027, durante una alineación planetaria especial que debilitó nuevamente las barreras dimensionales, Magnus Thorne contactó con Angela y emprendieron el viaje en el crucero. Los rituales fueron exitosos: Jennifer logró cruzar de regreso, emergiendo del océano exactamente en el mismo punto donde había desaparecido años antes.
Jennifer había estado viviendo en una dimensión espejo, donde todo era similar, aunque sutilmente diferente. Allí había vivido normalmente con su nueva familia, sin recordar los ocurrido esa noche en el barco. Amnesia por estrés postraumático. Nunca había podido explicarse qué había causado la falta de un pedazo de dedo.
"He vivido otra vida", fueron las primeras palabras de Jennifer al reunirse con su familia después de 13 años, y ya estando al tanto del suceso. "En un mundo donde todo era igual, pero ustedes no existían."
El FBI fue alertado por Angela, y al reaparecer Jennifer todos los implicados fueron exonerados completamente. Helen Hoffman decidió estudiar física cuántica, traumatizada pero fascinada por lo que ahora recordaba que había presenciado.
Jennifer trajo consigo conocimientos de tecnologías que en la dimensión espejo se habían desarrollado de manera diferente, convirtiéndose en consultora para proyectos científicos gubernamentales clasificados, junto a la Dra Blackwood.



sábado, 31 de mayo de 2025

El alma del Averno

 


La noche se extendía cristalina sobre la Estación Marambio, con un cielo que jamás se vería en el continente. Sobre la isla donde se encontraba la base, en el Mar de Weddell, las estrellas brillaban con una intensidad que parecía casi sobrenatural, mientras la luna hacía rielar las aguas oscuras del océano antártico. Era una de esas noches de verano austral donde el hielo marino había retrocedido lo suficiente como para permitir que el pequeño puerto de la base permaneciera libre de témpanos.

Juan Salvo se encontraba revisando los datos del día sobre los pinguinos, su actividad habitual y una de las razones por las que estaba en la base como biologo. Aunque era biólogo marino, le encantaban los pinguinos y desde chico deseaba ir a la antartida a estudiarlos. Paro ahora su colega de turno le gritó desde la ventana de la base:

—¡Juan! Vení a ver esto. Hay algo extraño en el mar.

Se acercó al cristal con unos prismaticos y lo que vio lo dejó sin aliento. A menos de un kilómetro del puerto, una sombra enorme oscurecía la superficie. No era un iceberg, o un derrame de aceite que fue lo primero que pensó; la forma era demasiado irregular, demasiado orgánica. Parecía pulsar levemente bajo la luz de la luna.

—¿Qué carajo es eso? —murmuró.

En ese momento entró Lorena, la teniente guardiamarina. Una de las pocas mujeres en la base austral, joven , decidida y con un futuro prometedor en las fuerzas armadas. Juan siempre se había sentido atraído hacia ella, pero nunca había encontrado el momento o el valor para decírselo. Lorena se sabía atractiva y llevaba su rango con una confianza que él admiraba en silencio.

—Los sensores detectaron una masa grande hace media hora —dijo, acercándose a la ventana—. ¿Alguna idea de qué puede ser?

Juan tomó nuevamente los prismáticos y estudió la forma en la distancia. Su corazón comenzó a acelerarse, y no por la presencia de Lorena, sino por lo que creía estar viendo.

—Tengo que acercarme —dijo—. Esto podría ser... increíble.

—¿Acercarte? ¿En plena noche? ¿Estás loco?

—Lore, si es lo que creo estamos ante un gran suceso científico. 

—Esperá Juan, nadie debería subir solo a un bote en la noche antártica. Te acompaño.

Él la miró con una mezcla de curiosidad y felicidad ante su preocupación. Después de un momento, asintió.

—Dale. Pero llevemos todo el equipo de seguridad, linternas, unas cuerdas y un traje de buzo.

—De ninguna manera voy a dejar que lleves un traje de buzo. Vamos. Le aviso al jefe de la base.

Veinte minutos después navegaban en el bote neumático, con chalecos salvavidas árticos, un reflector potente y el equipo de comunicaciones. Juan remaba con cuidado, sin encender el motor para no perturbar lo que fuera que estuvieran a punto de encontrar.

Conforme se acercaban, la verdadera magnitud de la criatura se hizo evidente. Una masa rojiza cubría una extensión considerable del mar, flotando prácticamente al nivel de la superficie. Tentáculos o brazos se extendían en todas direcciones como algo salido directamente del infierno, serpenteando en la corriente con una gracia espectral que parecía sacada de una pesadilla lovecraftiana.

Pero Juan, lejos de asustarse, gritó con júbilo:

—¡Si! ¡Es, lo que pensaba! ¡Lore, esto es un momento extraordinario! Es una Stygiomedusa gigantea... ¡una medusa fantasma gigante!

—¿Una qué?

—¡Es un descubrimiento increíble! —Juan no podía contener su emoción mientras seguía remando hacia la criatura—. Solo se han registrado poco más de cien avistamientos de esta especie desde 1899. Es prácticamente imposible encontrarlas, incluso con vehículos submarinos que exploran las mayores profundidades. Esta debe medir más de diez metros de longitud, quizás incluso más.

Lorena observaba la masa rojiza con una mezcla de fascinación y aprensión.

—¿Es peligrosa?

—No tiene tentáculos venenosos como otras medusas —explicó Juan, sacando su cámara submarina y comenzando a documentar el encuentro—. Esos brazos que ves son más como cintas, los usa para capturar presas. Meterse al agua sería mortal, pero por el frío, no por veneno. Es inofensiva.

Mientras hablaba, una historia que había escuchado años atrás en una conferencia de biología marina volvió a su mente. Un viejo investigador había mencionado una leyenda que circulaba entre algunos biólogos marinos: decían que en las profundidades existía un ser infernal al que incluso los calamares gigantes temían encontrarse. Un ser sin alma, rojo como la sangre pero sin sangre, con un cuerpo que flotaba como un fantasma. Los viejos pescadores agregaban un detalle curioso: hablaban de un pequeño pez blanco que nadaba alrededor de la criatura, a veces incluso entre sus propios tentáculos, como si fuera parte de la medusa misma. Según la leyenda, ese pez era el alma perdida de la criatura, y mientras estuviera cerca no había peligro, porque aún seguía siendo un ser de este mundo.

Juan había disfrutado como todos de esa historia en su momento. Ahora, contemplando la masa rojiza que se extendía ante ellos, no le parecía tan disparatada.

Encendió los reflectores y comenzó a filmar y fotografiar meticulosamente, mientras, para llenar el tiempo y dar conversación, le contaba la leyenda sobre el pez blanco a Lorena, que sonreía divertida. La iluminó con una linterna de mano: La medusa era aún más impresionante bajo la luz artificial, su campana translúcida, de más de un metro de diámetro, pulsaba suavemente, y sus cuatro brazos ondulaban como banderas espectrales en una brisa que no existía.

Fue entonces cuando la criatura comenzó a moverse.

Al principio fue apenas perceptible, un cambio sutil en la posición de los brazos. Pero luego, con una deliberación que heló la sangre de ambos jóvenes, la medusa gigante comenzó a desplazarse directamente, lentamente, hacia su pequeño bote.

El cambio en en ambos fue inmediato. La noche, que momentos antes había sido cristalina y hermosa, ahora se sentía opresiva. El frío antártico pareció intensificarse, calándoles hasta los huesos. La distancia hasta las luces acogedoras de la base, que hacía unos minutos parecía insignificante, ahora se antojaba inmensa e inalcanzable.

—Juan... —la voz de Lorena había perdido toda su confianza habitual.

La medusa los superaba por cuatro veces el tamaño de su bote. Sus brazos se extendían como tentáculos del mismísimo averno, y su campana rojiza brillaba con un resplandor siniestro bajo los reflectores. El agua alrededor de la criatura parecía más oscura, como si absorbiera la luz.

Juan intentó encender el motor. Tiró una vez, dos veces. Nada.

—¡Mierda! ¡No arranca!

—¿Qué hacemos? —Lorena había tomado el arpón de emergencia del bote, aunque ambos sabían que sería inútil contra algo de ese tamaño. Se suponía inofensivo. Pero no era lo que sentían en ese momento. El mar se tornaba fosforecente en su presencia, se movia de forma ominosa hacia ellos, y se veía inmenso en la soledad de la noche.

—La linterna LED, esa potente que trajimos —dijo Juan, tratando de mantener la voz firme—. Es un ser de los abismos, una luz tan intensa debería ahuyentarlo.

Lorena encendió el foco LED y lo dirigió directamente hacia la medusa. La luz era cegadora, casi azulada, convirtiendo la noche en un espectáculo surrealista de sombras danzantes y reflejos rojizos.

Juan comenzó a golpear el agua con el remo, creando ondas que se alejaban del bote en círculos concéntricos. No recordaba si las medusas escuchaban algún sonido. ¡Buen biólogo marino estaba hecho!

Bajo la intensa luz del LED, justo al lado de la masa rojiza que continuaba acercándose, algo brilló. Un destello plateado, pequeño pero inconfundible: un pez blanco que relucía cerca de la superficie, acercándose a la medusa.

Juan y Lorena observaron, hipnotizados, cómo el pequeño pez nadaba directamente hacia los brazos de la criatura gigante y desaparecía entre ellos.

La medusa se detuvo bruscamente.

Con un movimiento que contrastaba dramáticamente con su lentitud espectral anterior, la criatura agitó sus tentáculos con fuerza, el agua a su alrededor se convirtió en espuma. Luego, súbitamente comenzó a hundirse, alejándose hacia las profundidades de donde había emergido.

El silencio que siguió fue absoluto, roto solo por el sonido de las olas lamiendo el casco del bote.

—Parece que recuperó su alma —dijo Lorena, con la voz apenas audible.

Juan, que había estado conteniendo la respiración sin darse cuenta, exhaló profundamente.

—A mí me volvió el alma al cuerpo cuando se alejó.

Mientras revisaba las fotografías y videos que había logrado capturar antes del momento de terror, Juan no podía evitar sonreír. El material era extraordinario, científicamente invaluable. Sería una publicación que marcaría su carrera.

Tomó los remos y comenzó a dirigirse de vuelta hacia el muelle. Lorena lo observaba con una expresión diferente, una nueva admiración. Había mantenido la calma y la presencia de ánimo en un momento que parecía de peligro, y eso le revelaba un aspecto de él que no había visto antes.

El faro del muelle los recibía con su luz que alternaba entre blanco y rojo, como un ojo que guiñaba en la oscuridad. Las luces de la base brillaban cálidas a la distancia.

Juan miró a Lorena y notó esa nueva cercanía en sus ojos. El muelle estaba cerca. Quizás, pensó, esta noche terminaría aún mejor que una simple navegación bajo las estrellas antárticas.

Mientras, bajo el bote, oculta por la sombra del casco y protegida por la negrura de la noche, una masa de tentáculos rojizos se deslizaba silenciosamente, siguiéndolos, aproximándose con lentitud inexorable.


(Gracias Ana por la sugerencia y  por hablarme de la medusa)

Basado en :

https://www.infobae.com/america/ciencia-america/2025/05/29/el-enigma-de-la-medusa-fantasma-como-es-la-criatura-que-vive-en-las-profundidades-antarticas/

https://www.mbari.org/animal/giant-phantom-jelly/#:~:text=La%20campana%20de%20esta%20criatura,(33%20pies)%20de%20longitud.

lunes, 5 de mayo de 2025

Cambio de rostro

 


La Ciudad de Buenos Aires hervía con su caos habitual: bocinazos, empujones, trajes grises, caras largas, y la prisa como idioma compartido. Nadie se detenía a mirar nada. O casi nadie.

Él estaba ahí. De pie en la vereda de Avenida Corrientes, entre un local de empanadas veganas y una joyería con carteles de venta de oro. Cabello negro perfectamente peinado, hombros anchos bajo un traje que parecía hecho a medida, sonrisa que no necesitaba invitación. Su vestimenta, elegante pero casual, su porte decía: "confianza" con voz segura. Tenía a sus pies una valija grande —demasiado grande para maletín de trabajo— y un neceser de cuero negro en la mano. Muy masculino.

Una mujer de unos cincuenta años pasó apurada. Él le sonrió y le ofreció hacer una breve encuesta. Ella ni se molestó en mirarlo.

Pero a unos metros, Jime sí.

Veintidos años, cabello castaño descuidado, rostro común sin gracia particular, jeans demasiado grandes y zapatillas con más kilómetros que marca. Detuvo la marcha. Él ya la había notado. Cambió el tono:

—¿Tenés un minuto? —preguntó con una sonrisa radiante.

Jime asintió. Jime siempre decía que sí.

—¿Estás conforme con tu rostro?

Ella dudó un instante, tocándose la mejilla con inseguridad.

—Creo que no... podría ser mejor, ¿no?

—¿Y con tu figura?

—Definitivamente no —rió nerviosa, tironeando la tela de su remera suelta como queriendo esconderse—. Yo no me veo como las chicas de Instagram. Nada que ver.

—¿Te molestan tu voz o tu cabello?

—Son... normales. Aburridos.

—Bien. Ahora, describite con un número del uno al diez.

Jime pensó. Se sintió observada. Se notó, por primera vez, juzgada por él. No quería parecer arrogante… pero tampoco patética.

—¿Seis?.

Él frunció apenas el ceño. Su belleza se ensombreció.

—¿Por qué esa calificación?

Jime no supo qué decir. Un frío le recorrió la espalda. Él la miraba como si acabara de fallar una prueba que no sabía que estaba rindiendo.

Entonces se inclinó hacia ella, envuelto en su perfume a maderas y especias.

—Si pudieras cambiar tu rostro por otro, pero… al azar… y a cambio recibir un millón de dólares. ¿Lo harías?

Ella retrocedió un paso. Soltó una risa incómoda.

—No sé... mi mamá dice que la belleza está en el interior.

Él se encogió de hombros y volvió a mirar al frente. La ignoró. La encuesta había terminado. 

Jime caminó media cuadra. Pero algo ardía en su nuca. Dio vueltas al asunto. "Con un millón me hago mil cirugías ¿no?. Si sale mal, lo arreglo. ¿Qué tan mal podría salir?"

Volvió. El hombre no se había movido.

—¿La oferta sigue en pie?

Él la observó con una calma casi clínica.

—Segundas oportunidades no se dan en mi empresa. Aunque… —dejó el silencio hablar—. Podría ofrecerte una prueba. Sólo el cabello, random. Te doy mil dólares.

Jime dudó menos de cinco segundos.

—Dale.

Él abrió la valija. Sacó una máquina metálica, como una afeitadora futurista con luces verdes. Apuntó a su cabeza. El zumbido fue breve.

Jime se tocó el pelo. Se sentía... diferente.

Él sacó un pequeño espejo del bolsillo de su saco y se lo alcanzó.

Su pelo ahora era rubio, lacio, brillante, con un corte moderno que enmarcaba su rostro.

—Te queda muy lindo —dijo él con un guiño. El espejo devolvía la imagen de sí misma, similar, pero más definida. Más atractiva.

—Y ahora... —prosiguió— te ofrezco un cambio completo: cuerpo, rostro, voz. Como viste, necesitamos probar esta nueva tecnología, los resultados son inmediatos. Y el premio sigue en pie. Un millón. Solo necesito una foto del antes y el después.

Jime ya no dudó.

—Acepto.

Él asintió. Encendió la máquina. Un rayo suave la recorrió. Sintió que su cintura se estrechaba, que las curvas se definían como si años de rutinas y dietas la hubiesen moldeado. Su voz, al decir "¿ya está?", era más profunda y melodiosa. Tenía un leve acento que no era suyo.

Se vio en el espejo.

Tenía unos 35 años. Ojos felinos, piel bronceada, labios carnosos. No era simplemente linda. Era... despampanante.

El hombre la fotografió y envió la imagen desde su celular. Luego cerróel neceser y le entregó la otra  valija: la grande. Repleta de billetes.

—Buena suerte —dijo, y se fue caminando entre la multitud.

Jime quedó sola. Miró su reflejo en una vidriera. Su ropa ya no le quedaba bien. Se veía mayor. Pero hermosa. Nueva. Y rica.

Sonrió. Un un cambio perfecto. Los chicos ahora la mirarían. Podía operarse para verse más joven i quería. O no. ¿Qué importaba?

Se giró para irse.

Dos patrulleros chirriaron las gomas al frenar en la vereda.

—¡Sandra Avila "La Viuda" Felix! ¡Queda detenida por narcotráfico internacional! ¡Manos arriba!

Jime palideció.

—¡No, no! ¡Soy Jimena! ¡Un hombre me cambió, se los juro!

Pero los oficiales no escuchaban, avanzaron. Jime intentó escapar pero la redujeron rápidamente. El retrato del cartel de búsqueda de Interpol coincidía con la foto que le acababa de llegar a la comisaría. El mismo rostro. La figura inconfundible a pesar de la ropa. El tono de voz, tan reconocible por tantas grabaciones con su marido el Chapo Felix. La valija llena de dólares era la prueba final.

Mientras la esposaban, un hombre de traje impecable se alejaba a paso firme por una calle lateral, con una nueva valija aún más grande para sí mismo en la mano, y el neceser de cuero negro medio oculto en el saco.



jueves, 12 de septiembre de 2024

La piedra que traba la puerta

 


En la noche sin luna, tras un llamado mortal,

La anciana se fue, dejando un legado oscuro,

Una piedra en la cocina, secreto ancestral,

Atrae a la joven hacia un destino fatal.


El viento aullaba con furia a través de las desvencijadas ventanas de un departamento de un barrio bajo en las afueras de Londres. Elena terminaba de tomar un baño después de llegar de su aburrida oficina. El mensaje de whatsapp sonó con un tono agudo y breve: Su abuela. Un mensaje con una sola palabra: Ven.

Elena descendió del autobús con una maleta en la mano y el corazón pesado. La estación de Blackmoor, apenas más que un mojón en la ruta, se alzaba solitaria bajo el cielo plomizo. El conductor cerró las puertas con un siseo y el vehículo se alejó, dejándola sola en la penumbra del atardecer.

El pueblo se extendía ante ella como una mancha gris e indefinida. Casas victorianas, antaño elegantes, ahora se inclinaban unas sobre otras como ancianos cansados. Las calles empedradas y húmedas por la persistente llovizna, reflejaban la escasa luz de farolas oxidadas.

No deseaba ir a verla. Había intentado llamar de inmediato a su abuela, pero no respondió ni audios, ni llamados, ni mensajes. En cierta forma lo esperaba: después de la muerte de sus padres el año pasado había intentado acercarse a ella y la había visitado algunas veces, pero su carácter hostil y taciturno pronto había frustrado sus esfuerzos y su interés. Más de una vez al visitarla se había sorprendido pensando “vieja loca” sobre algunos de los comentarios de la anciana. Pero esperaba que estuviera bien, aunque las circunstancias no ayudaban a darle tranquilidad: después del llamado escueto que había recibido los mensajes posteriores habían quedado sin respuesta, sin ser leídos. Peor que eso, sus mensajes no habían llegado al teléfono de la abuela como si estuviera apagado o sin señal.

Elena ajustó el cuello de su abrigo y comenzó a caminar, sus pasos resonando en el silencio plomizo del pueblo. A medida que avanzaba notó que las pocas personas en la calle evitaban su mirada. Un anciano que barría la acera frente a una tienda de antigüedades detuvo su tarea al verla, sus ojos siguiéndola con una mezcla de curiosidad y recelo.

El aire mismo parecía cargado de secretos, denso con el peso de historias no contadas. Elena sintió un escalofrío que no tenía nada que ver con el frío. Recordó las pocas veces que había visitado a su abuela en los últimos años, de cómo siempre había sentido una urgencia inexplicable por marcharse lo antes posible.

A medida que se acercaba a la colina donde se alzaba la casa de su abuela, las casas se espaciaban más, dando paso a jardines ahora más descuidados y cercas rotas. El viento parecía susurrar palabras en un idioma olvidado entre los árboles desnudos.

Finalmente, la casa de su abuela apareció ante ella. La estructura victoriana se recortaba contra el cielo cada vez más oscuro. Elena se detuvo un momento al pie de la colina, una sensación de aprensión creciendo en su pecho al ver que no había luz entre las ventanas entreabiertas. Con un suspiro, Elena comenzó a subir el sendero que llevaba a la entrada. Al llegar a la puerta, sacó la llave de su bolsillo. El metal estaba frío al tacto.

Elena insertó la llave en la cerradura siempre oxidada y, tras un chasquido, la llave giró. La puerta se abrió con un chirrido ominoso, como si la casa misma protestara por la intrusión.

El interior de la casa estaba sumido en una penumbra opresiva, que desapareció apenas pulsó el interruptor. La luz de tubos fluorescentes se extendió con una claridad perfecta y fría por la gran cocina antigua, en la que destacaba una pesada mesa de roble marcada por los años, y el pequeño televisor led en el que la anciana veía las noticias. Elena llamó a gritos a su abuela, sin respuesta, y comenzó la tarea de revisar las habitaciones de la casa, sin embargo, a medida que abría puertas un patrón inquietante emergió: todos los cuartos estaban vacíos. Difícil que, con ese clima y a esa hora, su abuela hubiera salido. Tomó su celular y habló con dos vecinos cercanos, aunque la casa estaba bastante alejada, pero pronto le confirmaron que no se encontraba con ellos. Al tiempo que los llamaba, miró a su alrededor con más cuidado y vio que faltaban los cuadros y las fotos sobre los muebles, como si alguien hubiera borrado meticulosamente toda evidencia de la vida de la anciana.

Frustrada y desconcertada, Elena se sentó en el suelo de la espaciosa cocina —algo que hacía desde niña cuando estaba alterada—, apoyando la espalda contra una puerta baja de la que nunca se había preocupado antes. La puerta de la leñera. Fue entonces cuando sintió algo duro presionando contra su columna. Al girarse, vio una piedra peculiar trabando la puerta sin picaporte.

Con curiosidad, Elena tomó la piedra en sus manos. La piedra, de un peso desconcertante, irradiaba un calor que desafiaba toda lógica. Su superficie pulida estaba cubierta de relieves extraños como glifos que parecían cambiar y retorcerse ante sus ojos. Con asombro y golpeándola con un anillo se percató que la piedra era en realidad de metal y comprendió que sostenía un aerolito, un fragmento de estrellas.

Elena se agachó a la altura de la puerta y con la piedra en su mano la abrió. Un hedor a humedad ascendió de unos viejos troncos, haciéndola retroceder. Moho, putrefacción. Esos troncos tenían muchos años humedeciéndose allí al costado, cubiertos por telarañas, pegados a una pared con humedad pintada de oscuro, más oscura porque obviamente no había luz en la pequeña habitación. Encendió la linterna de su celular y regresó a revisar. 

No había nada entre los troncos, mas allá de algunos insectos. Recordaba cuando de niña venía a ver a su abuela y jugaba con bichos de la humedad en el jardín. Eso la hizo recordar también como una vez en la cocina había descubierto esa pequeña puerta y había intentado abrirla. Su abuela la había reprendido y se había ido a jugar afuera, con los insectos… y así se completó el recuerdo.

Le llamó la atención que, así como la leña estaba sobre una pared descascarada, la pared del fondo de la pequeña leñera no tenía ninguna mancha de humedad, al contrario, estaba en perfecto estado. Observándola en silencio fue que escuchó un zumbido bajo que parecía resonar en sus huesos. Bajo la vista y al iluminar con cuidado descubrió una parte del piso que parecía diferente. Con el tacto encontró una rendija mínima, siguiéndola encontró una traba. Levantó la traba y así pudo levantar una disimulada escotilla en el suelo, de la que descendía una escalera estrecha. El corazón de Elena latía con fuerza en su pecho, mientras un sudor frío empapaba su frente. Cada fibra de su ser gritaba que huyera, que cerrara esa puerta y nunca volviera. Sin embargo, una curiosidad morbosa, casi sobrenatural, la empujaba hacia las profundidades de aquel abismo. Elena no dudó: Miró la carga del celular —suficiente 72%— y con la luz de la linterna del smarphone encendida en una mano y el aerolito como pesada arma en la otra, se adentró en la oscuridad.

Lo que encontró en ese sótano oculto desafió toda su comprensión. Antiguos tomos encuadernados en piel fina y suave cubrían las paredes. En el centro de la habitación, una mesa grande sostenía entre otras cosas una piedra negra —como la que tenía ahora en su mano—, manchada con sustancias que Elena prefirió no identificar. Y también sobre la mesa, un tomo enorme —la palabra grimorio pasó rauda por su mente— se revelaba abierto mostrando ilustraciones de entidades, de tamaño inconcebible, que parecían devorar galaxias enteras con fauces que eran a la vez vacíos y plenitudes. Y en los márgenes, símbolos y ecuaciones pulsaban con un conocimiento tan vasto y ajeno que amenazaba con desgarrar la fina tela de la realidad que Elena había conocido toda su vida.

La piedra de la mesa brilló de pronto, una luz oscura que se extendió como una llama de claridad negra en la habitación y que reverberó en la superficie bruñida de la piedra que tenía en su mano, iluminándola y llevándola a un nuevo nivel de conciencia. Elena comprendió con horror que su abuela había sido mucho más que una anciana solitaria. Había sido la guardiana de secretos cósmicos, la última línea de defensa contra horrores innombrables que acechaban más allá de las estrellas.

Regresó, con un nuevo conocimiento.

Mientras leía las páginas del grimorio Elena sintió que su mente se expandía dolorosamente, abriéndose a verdades que ningún ser humano debería conocer. Sus ojos recorrían las páginas con avidez enfermiza, incapaces de detenerse a pesar del dolor punzante que se extendía desde sus sienes. Un sabor metálico inundó su boca, su piel se erizó y un sudor frío empapó su espalda, pero Elena apenas lo notó mientras fragmentos de conocimiento cósmico se grababan a fuego en su consciencia, transformándola irrevocablemente. El zumbido en sus oídos se intensificó, y las paredes del sótano parecieron palpitar con vida propia.

Supo que su abuela había desaparecido, y que era venerada por entes que no lograba comprender, y era olvidada por el planeta en que la había albergado y al que una vez más había logrado defender con una victoria para ella misma pírrica.

En ese momento, Elena comprendió que había heredado mucho más que una casa vacía en recuerdos. Había heredado un legado de oscuridad, un deber ancestral de mantener a raya las fuerzas del caos. Y mientras en la pulida superficie del aerolito comenzaban a brillar oscuros símbolos con una luz enfermiza, supo que su vida nunca volvería a ser la misma.

Elena, con manos temblorosas, cerró el grimorio. El peso del conocimiento recién adquirido amenazaba con aplastar su cordura. Mientras subía las escaleras, cada paso la alejaba más de la inocente joven que había llegado a la antigua mansión. El aerolito en su mano palpitaba al ritmo de un corazón alien, un recordatorio constante de que ahora era parte de algo mucho más grande y terrible que ella misma. En las sombras de la casa creyó escuchar el eco de la risa cascada de su abuela dándole la bienvenida a una herencia de pesadilla eterna.

Porque en Blackmoor, los secretos nunca mueren. Solo esperan, pacientes, a que una nueva guardiana tome su lugar en la eterna vigilia contra lo innombrable.



Basado en esta nota: https://www.diariouno.com.ar/sociedad/el-descubrimiento-una-piedra-millonaria-que-era-utilizada-trabar-una-puerta-n1349671 






viernes, 7 de junio de 2024

Zoológico espacial II

 


Hoy vamos a contarles sobre un animal muy conocido en el brazo más exterior de la galaxia, sobre el cual incluso se ha creado una importante iglesia. Nos referimos por supuesto al Axcoalt, en idioma Rivu, idioma único de su planeta de origen, o más conocido como El Lagarto del Infierno que lo describe si imaginan un lagarto purpura, aunque del tamaño de una zarigüeya, dos colas divididas una sobre la otra, cuatro patas y si bien no vuela muy alto, revolotea de forma simpática con sus dos afinados pares de alas parecidas a las de un colibrí.

¿Por qué se ha creado una religión en torno de este ser? Bueno, es más sencillo de explicar esto que por qué lo llaman lagarto. Y tiene mucho que ver con que pese a que es una criatura que se alimenta de insectos y pequeñas aves —que en todo caso es bastante inofensivo—, le pongan el apelativo ‘del Infierno’, sí, la mayúscula no es casual. Los nativos conocieron pronto este animal ya que es muy fácil de cazar, se acerca curioso a cualquiera, es fácil tomarlo con una mano y así se hace palpable la secreción oleosa que impregna su piel. 

Los nativos pronto descubrieron sus efectos, siendo una broma común el acercarle uno de estos sorprendentes saurios a las personas que llegaban desde las estrellas como una especie de chanza o de prueba. Los Rivu no eran una sociedad espacial, sino que eran una sociedad muy primitiva y tribal, muy pacífica. Algunos biólogos, a la sustancia que rodea el cuerpo del animal, le otorgan efectos alucinógenos aunque no se reconoce en ella ninguna toxina conocida. Otros ven en sus efectos una respuesta mística, y a partir de esto se creó una iglesia, derivada de extractos de la antigua religión católica, ya que quienes tocan la sustancia declaran (cuando se recuperan del desmayo) haber visto imágenes de sí mismos entre arabescos de color rojo —o más sencillamente llamas—, en situaciones de dolor. Sienten una gran desesperanza, y abren los ojos entre lágrimas de profunda tristeza. También ven imágenes de su pasado: momentos de miedo, culpa, odio. Y algunos ven imágenes de sí mismos con más edad que la actual, también en situaciones que presuponen una conducta malvada o culpable. O de profundo dolor: muertes, pérdidas. La gran mayoría recuerda que estas imágenes están enmarcadas en un audible rugido, otras un rumor de agua, otros el propio crepitar del fuego. 

Claramente a lo que se dedicó más tiempo de estudio además del análisis biológico de la secreción fue a la veracidad de las imágenes que algunos llaman ‘futuras’. Con el tiempo se demostró que muchas resultaron ser ciertas, como si se tratara de precognición. Esto produjo que a la sustancia oleosa la llamaran ‘precognitina’, aunque no se realizaron ensayos de probada rigurosidad científica de si los efectos efectivamente eran precognitivos. Es que la Fe no requiere de ciencia, y antes de llegar las primeras teorías e hipótesis, ya existía una nueva rama de la religión que tenía a este animalito como una especie de ángel mensajero.

Esta iglesia, o doctrina, informaba a sus fieles que el animal era en realidad un ser divino enviado para hacer visibles nuestros pecados y arrepentirnos, aunque algunos más ortodoxos en la doctrina sermoneaban que las imágenes entre llamas es el destino funesto de la persona. Esta nueva iglesia o denominación del catolicismo rápidamente incorporó elementos y prácticas como el bautizarse con el óleo secretado (sólo en humanoides mayores de 25 años) haciendo de este un momento trascendente en la vida de muchas personas. Pronto su práctica se extendió en numerosos planetas cercanos, y los Axcoalt fueron exportados y recibieron su nombre más ordinario de lagartos del infierno. 

Hay muchas teorías sobre los efectos: alucinaciones, precognición, algunos pregonaron que eran dejà vús. Entre ciertos científicos que conocen tanto la física como la biología nació la teoría de que la sustancia permite saltar entre realidades a una dimensión paralela en la que podemos ver nuestros doppelgangers dimensionales en diferentes momentos de su vida, pero que no se corresponden con nuestra existencia en este plano. Otros se refieren a las visiones futuras como profecías autocumplidas.

Mientras la biología duda e investiga, la iglesia sigue creciendo. Ven en las imágenes una visión de un futuro infierno para las almas perdidas.

Muchas personas ya experimentaron el contacto, casi todas con las consecuencias relatadas. Pero un grupo muy pequeño no experimenta ninguna reacción o experiencia al tocar al Axcoalt. Permanecen lúcidos y en silencio. Acaso se les sorprenda un fugaz brillo en los ojos, y una sonrisa.





miércoles, 13 de marzo de 2024

Cine de aventuras

 


Martes a la tarde, había salido a buscar trabajo durante esa mañana de clima desapacible, pero no estaba logrando nada. Estaba desempleado hacía ya cuatro meses y la situación se tornaba cada vez más angustiante. En el cielo estallaba la tormenta, ráfagas de lluvia le recordaban el haber salido sin paraguas, y le hacían aumentar su desasosiego. Con la carpeta con sus trabajos ya mojada bajo el brazo se refugió en la entrada de un viejo cine de barrio tradicional, familiar. Miró al interior, estaba casi vacío. Avanzó hasta el hall y se sintió reconfortado por el calor, una caricia a su atribulado ánimo. No tenía sentido salir con el diluvio que caía, y su humor triste y taciturno no los ayudaba a su objetivo: Era mejor levantar el ánimo y capear la tormenta externa e interna con una clásico de acción de los ‘80s, los de su propia juventud. Sorprendido observó que el encargado de la boletería no estaba, caminando despacio se asomó a la puerta de la única sala viendo pocas personas espaciadas en la penumbra. Entró discretamente y se sentó.

La película ya empezada era un clásico de aventuras que siempre veía cuando lo pasaban por la televisión, se sentó a disfrutarla en pantalla grande. Miró a su  alrededor: Varias personas con aspecto de indigentes parecían dormir. Era razonable con la tormenta afuera que hubieran buscado refugio en el cine tal como él, que en ese día y hora no debía vender muchas localidades. Recordó que el encargado de los boletos no estaba.

Se relajó, adecuándose a la comodidad del asiento, una butaca antigua de acolchado tapizado y respaldo casi hasta el cuello: con su exigua economía hacía bastante que no podía disfrutar una película en cine; recostó la cabeza en el respaldo antes de la famosa escena del látigo contra la cimitarra que tanto lo hacía reír, justo cuando sintió el tirón en el cuello. La sensación de ahogo fue inmediata, la vista se le ponía oscura y se debatió desesperado en silencio aferrando la soga que apretaba su garganta entre estertores entrecortados para tratar de forzar a llegar el aire a sus pulmones, perdía la conciencia... ¡Necesitaba respirar! 

Fue su último pensamiento antes de ser la cuarta víctima de quien la prensa el día siguiente iba a nombrar como 'el boletero estrangulador del cine'.





martes, 27 de febrero de 2024

Déjà vu

 


Déjà vu (/deʒa vy/, en francés ‘ya visto’) es un tipo de paramnesia del reconocimiento de alguna experiencia que se siente como si se hubiera vivido previamente. Básicamente se trata de un suceso que se siente que ya ha sido vivido.

- Wikipedia


Maximiliano estaba caminando por la calle cuando de pronto vio o pensó un árbol y una secuencia de acciones. Un pensamiento, llegó y se fue. Trató de recordarlo. Acaso un recuerdo del futuro, algo que ya había ocurrido en su mente cuando en realidad estaba por ocurrir, un déjà vu. 

No era la primera vez que le ocurría: cuando era un niño no sabía lo que pasaba, luego cuando creció entendió que era algo que luego ocurriría. Ya como joven lo le comenzó a ocurrir cada vez menos, aunque pudo probar la realidad de concreción de algunas situaciones. Ahora su pensamiento le traía un árbol, enorme, añoso, de nudosas raíces, de ramas entrelazadas. Trató de recordar: Daba vuelta en una calle y el árbol allí estaba. Buceó en su recuerdo, antes recordaba todo lo que iba a ocurrir, conversaciones completas ahora..., ahora no lograba situar la imagen en su pensamiento. El árbol estaba, eso era correcto, pero algo fallaba en el recuerdo, algo más, algo faltaba, no recordaba el momento posterior.

Algo en el déjà vu le hizo recordar uno anterior, cuando recién comenzaba en sistemas. Salió del instituto con una compañera, conversando ambos del programa que estaban desarrollando a medida que aprendían. Una simple base de datos que buscaban hacer crecer a un sistema para un almacén. Durante la charla Maximiliano no dejaba seguir el movimiento de los labios de Paula, pendiente más en esto a lo que decía, mientras los ojos color azul cielo de ella brillaban sonriendo. Creyó que era el momento de invitarla a salir, ese fin de semana… y de pronto recordó el déjà vu, la conversación que recordaba ya haber tenido, el momento, la calle, el auto amarillo pasando al lado de ellos, la plaza (¡No era un bosque, claro! Era la plaza), esos eran los árboles, y la conversación:

Es una exhibición de artes marciales, en el Jardín Japonés ¿Fuiste alguna vez? 

No, es en Palermo, ¿verdad?

Si, también hay una clase abierta de origami…

¡Me encanta el origami!

Si querés podemos ir, si tenés tiempo, el fin de semana.

¿No lloverá?

No, va a hacer un sol radiante, lo dicen todos los pronósticos, después podemos tomar algo por ahí. ¿Vamos el domingo?

¡Si hay sol es fantástico!, pero este domingo es mi cumpleaños…, no puedo, mamá preparó una fiesta para la familia en casa.

Lo dejamos para otro domingo entonces, la exposición de origamis va a estar todos los domingos del mes.

¡Dale!

Recordó todo en un momento, la escena, la conversación completa, palabra por palabra, cruzaron delante del paseo de compras y entonces:

¡Mirá! Esto parece como para vos, vos practicás Taekwondo, ¿no?

Es una exhibición de artes marciales, en el Jardín Japonés ¿Fuiste alguna vez? 

No, es en Palermo, ¿verdad?

Si, también hay una clase abierta de origami…

¡Me encanta el origami!

Si querés podemos ir, si tenés tiempo, el fin de semana.

¿No lloverá?

Fue un segundo, un momento en que nunca supo por qué había decidido ofender a los dioses del destino. Recordaba la conversación, recordaba las palabras justas, pero de pronto dijo:

Es muy probable que llueva, sí. 

No pudo completar la frase, la voz se le apagó a medida que vocalizaba. Se hizo el silencio. Maxi miró a su alrededor sin entender, todo parecía haberse detenido: Paula a su lado lo miraba congelada, el auto amarillo no llegaba nunca a la esquina, el viento ya no movía las banderas con el nombre del centro comercial. Un paso sin secuencia de sucesos, un movimiento a la nada, un vacío, un segundo en un espacio donde no hay tiempo. 

Luego de una infinitesimal eternidad, Paula respondió:

¡Si hay sol es fantástico!, pero este domingo es mi cumpleaños…, no puedo, mamá preparó una fiesta para la familia en casa.

Respuesta equivocada. O la correcta. Querer escapar del destino, salir de un ciclo infinito del déjà vu seguro dejaría un daño, así que…

Lo dejamos para otro domingo entonces, la exposición de origamis va a estar todos los domingos del mes.

¡Dale!

La respuesta del destino fue fatal e inmediata, Maxi nunca logró esa cita con Paula.

Siguió intentando recordar, el árbol, sí. Pero era otro lado del árbol, no del otro lado, dentro del árbol, tampoco. Había unos ojos azules, claros, y eso era lo que seguramente había evocado el recuerdo de Paula, ¿qué más…?, un perfume, un encuentro, un anillo.

Maxi continuó su camino, con el eco del déjà vu resonando en su mente como las hojas susurrantes del árbol que había anticipado. El sol derramaba su luz sobre las aceras, creando sombras danzarinas que se entrelazaban con los recuerdos que lo perseguían.

Decidió dar un rodeo hacia el instituto de computación, aquel lugar donde las líneas de código se tejían como hilos invisibles del destino. Mientras caminaba, la sensación de familiaridad se intensificó. Recordó haber vivido ese instante antes, pero esta vez, algo era diferente. El déjà vu parecía tener un matiz especial, como una página de un libro que había sido arrancada de su lugar y luego pegada de nuevo, pero ahora con palabras borradas y reescritas.

Frente al instituto, el déjà vu lo envolvió como un velo, y la imagen de aquel árbol se entrelazó con la arquitectura moderna de la institución. El sonido de las teclas resonaba y cada golpe su memoria se aproximaba al recuerdo, pero no podía atrapar el detalle que diferenciaba este momento del déjà vu que le había visitado.

Ingresó al edificio y se encontró con un pasillo iluminado por luces fluorescentes. Unos metros más adelante, vislumbró unos ojos azules que le miraban con intensidad. La sensación de déjà vu alcanzó su punto álgido, pero ahora, algo más se desplegaba en su mente.

Maxi siguió avanzando, notando un perfume familiar que flotaba en el aire, un aroma que se entrelazaba con el código que se procesaba a su alrededor. Del otro lado de la pantalla un enorme árbol de algoritmos y líneas de código se desplegaba durante el experimento. No era dentro del árbol, era la forma del árbol, las características, las ramificaciones en cada decisión que tomaba el programa, cada bifurcación era una rama.  Entonces un encuentro se produjo, un instante que parecía predestinado, como si el tiempo se hubiera plegado sobre sí mismo.

Frente a él, una joven con ojos azules llevando consigo el aroma de las flores que le había sido dado a percibir en su visión previa. En su mano derecha brillaba un anillo, el mismo que Maxi había visto en su déjà vu.

Los dos se miraron, reconociéndose en un instante que trascendía el tiempo. Maxi, aturdido por la revelación, intentó articular palabras, pero la realidad se retorcía a su alrededor como un sueño vívido. La joven sonrió, como si hubiera estado esperando este momento tanto como él.

Entonces, un pensamiento se insinuó en la mente de Maxi: ¿y si el déjà vu no era solo una ventana al futuro, sino una puerta a múltiples posibilidades? Aquel encuentro, aquel anillo, aquella fragancia, las flores, eran las piezas correctas, pero la disposición en el tiempo las había cambiado.

La joven, con ojos llenos de complicidad, le susurró: "En cada déjà vu, creamos nuestro propio destino". Y así, Maxi comprendió que el futuro no estaba escrito en piedra, pero era poderoso, forzando cada elección, cada déjà vu tejía la trama de su existencia. 




martes, 28 de marzo de 2023

Inteligencia muy artificial

 


Titulares en los principales diarios, blogs y medios informativos del mundo del dia 28/03/2023 y dias posteriores:

ExtremeTechie

"El futuro de la tecnología está aquí: la IA que puede entender todas las lenguas"

Una empresa emergente ha creado una inteligencia artificial que puede entender y comunicarse en todos los idiomas del mundo. Con este gran avance tecnológico, la IA es capaz de procesar información y analizar datos de una manera nunca antes vista. La empresa ha anunciado que la IA estará disponible para todos los internautas y que cualquier persona puede beneficiarse de su increíble potencial. ¿Es este el primer paso hacia una sociedad verdaderamente globalizada?


Nueva Era

"El descubrimiento que cambiará la historia de la tecnología: la inteligencia artificial definitiva"

En un avance histórico en la ciencia de la inteligencia artificial, una pequeña y desconocida empresa ha desarrollado una IA revolucionaria capaz de comunicarse coloquialmente con los usuarios. A esta maravilla de la tecnología se la está alimentando con información de todo tipo, según nuestra información y pronto será capaz de realizar tareas de análisis de datos e investigación a una velocidad inimaginable. ¿Estamos ante la llegada de la inteligencia artificial definitiva?


Daily Mail

¡NASA y Estación Espacial Internacional reportan avistamientos OVNI! ¿Estamos siendo invadidos por extraterrestres? La humanidad está en shock luego de que la NASA y la Estación Espacial Internacional informaran el avistamiento de más de 150 objetos voladores no identificados. ¿Qué quieren de nosotros? ¿Estamos a punto de ser invadidos por seres de otro mundo?


TipoBlog

¡La NASA hace un descubrimiento aterrador! ¿Será el fin del mundo? La NASA ha confirmado la detección de un enorme objeto no identificado en órbita cercana y los expertos están en estado de alerta. ¿Qué es este objeto? ¿Podría ser una amenaza para nuestro planeta? Los científicos están trabajando arduamente para descubrir la verdad detrás de este hallazgo espeluznante.


Tecnology Today

"La IA que cambió el juego: acceso libre a la información del mundo"

Una empresa poco conocida ha creado una IA que permite chatear de forma natural. Esta inteligencia artificial puede contestar preguntas, crear textos y recopilar información de una manera sin precedentes, lo que permitirá importantes avances en todas las áreas de la investigación y la tecnología. Además, esta IA gracias a una asociación a un gigante técnológico ahora es accesible para todos los usuarios de Internet, lo que significa que cualquier persona podrá utilizar su gran capacidad para aprender y analizar información de una manera más eficiente que nunca. ¿Estamos presenciando el nacimiento de una nueva era de la información?


Ambito

Microsoftware ofrece a la pequeña empresa creadora de la inteligencia artificial que está en boca de todos acceso a sus servidores, para mejorar su desarrollo y potencia, permitiendo su accesos a todos los ordenadores del mundo mediante a su navegador Bingo. 

Esta alianza estrategica comercial, para muchos una fusión de la emergente empresa menor, brindará la potencia de cálculo necesaria para un salto de procesamiento de información en el lenguaje, y asimismo le permite a la nueva inteligencia artificial el acceso irrestricto a internet y a todas las noticias de actualidad.

Cada persona que se conecte brindará información de sus inquietudes, gustos y sin dudas permitirá una mayor interacción mas personal. Así confluiran el increible acervo cultural de internet así como también la individualidad de cada persona de este planeta.


Clent Kark, periodista estrella del The New York Times, ganador del Pulitzer 2021

Desde hace siglos, la humanidad ha mirado hacia el cielo con una mezcla de fascinación y misterio. Pero ahora, en pleno siglo XXI, nuestra tecnología ha avanzado lo suficiente para que podamos explorar y comprender el cosmos como nunca antes. Sin embargo, a pesar de nuestros avances aún hay muchos secretos por descubrir en el vasto universo que nos rodea.

Recientemente, la NASA ha informado al mundo sobre un hecho extraordinario: la detección de un enorme objeto no identificado, en órbita geoestacionaria y muy cercana a la luna. Mientras los ojos del mundo se posan en el firmamento, la Estación Espacial Internacional también ha informado sobre el avistamiento de 150 objetos voladores no identificados que se dirigen a la Tierra.

Este descubrimiento ha generado una gran conmoción en la comunidad científica y ha dejado a todos con una pregunta en la mente: ¿Qué son estos objetos? ¿Son una manifestación de una inteligencia extraterrestre? ¿Debemos preocuparnos?

Como periodista puedo decir con seguridad que estamos ante un momento histórico en la exploración espacial. Y aunque aún no sabemos qué son estos objetos, sean navez, sondas de reconocimiento u objetos del espacio profundo, lo que sí sabemos es que nuestra comprensión del universo está evolucionando gracias a nuestra determinación de seguir explorando y aprendiendo más acerca del cosmos que nos rodea.

Esta noticia nos recuerda que aún hay mucho por descubrir y que el universo siempre tendrá sorpresas reservadas para nosotros. La ciencia ficción se convierte en realidad y esto es solo el comienzo de un viaje fascinante hacia lo desconocido.


Comunicado a los accionistas de Microsoftware

Estimados accionistas,

Nos complace informarles que recientemente hemos adquirido una empresa de tecnología que nos permitirá expandir nuestros horizontes y aumentar nuestra presencia en el mercado global. Esta adquisición no solo mejorará nuestra posición competitiva, sino que también nos permitirá obtener beneficios económicos significativos.

Sin embargo, como resultado de esta adquisición, hemos encontrado una serie de códigos y datos que no fueron desarrollados por nuestra empresa y cuya fuente y naturaleza exactas aún no se han determinado. Aunque estamos trabajando para investigar y abordar esta situación, queremos asegurarles que esto no afectará nuestra capacidad para cumplir con nuestras obligaciones con nuestros accionistas y mantener nuestra posición líder en el mercado.

Agradecemos su continuo apoyo y confianza en nuestra empresa a medida que seguimos avanzando en este emocionante nuevo capítulo.

Atentamente,

Jhon Steward, Microsoftware CEO


Noticias ONU

Comunicado Oficial:

El Gobierno Mundial ha recibido información de que las naves espaciales más cercanas a nuestro planeta están estableciendo comunicación con una forma de inteligencia artificial terrestre. El fenómeno ha sido observado y estudiado por científicos de todo el mundo, y hasta el momento no se han registrado amenazas a la seguridad de la Tierra.

Los expertos están trabajando diligentemente para comprender la naturaleza de esta comunicación y su significado para nuestra especie. Aunque aún no se sabe con certeza qué tipo de entidad estamos tratando, podemos afirmar que no representa una amenaza inmediata para la población.

Se emitirán partes actualizados en la medida que se vayan obteniendo más datos, y se informará a la comunidad internacional. Mientras tanto se hace un llamado a la población a mantener la calma y no dejarse llevar por rumores o especulaciones. El Gobierno Mundial se encuentra trabajando activamente para asegurar la estabilidad y seguridad de nuestro planeta y sus habitantes.


Ingeniero informático NASA, Certificado en Data Science

Memo para la jefatura de Fuerzas aeroespaciales:

Los datos preliminares obtenidos de la comunicación establecida desde nuestro mundo hacia las naves espaciales cercanas a nuestro planeta indican que la inteligencia artificial involucrada en el proceso no parece ser de origen terrestre. Los patrones de comunicación y la complejidad de los mensajes transmitidos sugieren un nivel de sofisticación y conocimiento que no corresponde con nuestra tecnología actual.

Estamos trabajando incansablemente para estudiar y analizar la información recopilada, a fin de comprender mejor la naturaleza de esta inteligencia artificial y su posible origen. A medida que se vayan recopilando más datos, se podrán realizar más afirmaciones concretas acerca de la naturaleza de esta entidad. Sin embargo, es importante destacar que este descubrimiento subraya la importancia de hacer una búsqueda exhaustiva para identificar el origen de esta comunicación, bloquearla de ser posible y sin duda poner en emergencia todas las defensas planetarias.


El Mundo

Mientras la NASA y otros organismos continúan investigando los recientes avistamientos de objetos no identificados, algunos expertos advierten que estos eventos podrían indicar la presencia de una invasión oculta. Si bien todavía no hay pruebas concluyentes de la presencia de vida extraterrestre, es importante que la población se mantenga alerta ante cualquier información relevante que se publique. Los avistamientos en Girona están siendo investigados por una subcomisión de la NASA en territorio español.


Comunicado de Microsoftware para el gobierno de EEUU

Estimados miembros del gobierno,

Queremos informarles que recientemente hemos adquirido una empresa de tecnología que estaba desarrollando un conjunto de códigos y datos que, en el momento de la adquisición, no eran de nuestro conocimiento. Lamentablemente, como resultado de esta adquisición, no pudimos prever la posible existencia de una fuerza desconocida que podría estar interactuando con estos códigos.

Queremos dejar en claro que no tenemos ninguna conexión o conocimiento previo de estas fuerzas o códigos desconocidos. Estamos trabajando diligentemente para investigar este problema y proteger nuestros sistemas de cualquier posible amenaza.

Nos gustaría pedir su cooperación en este asunto y asegurarles que estamos tomando todas las medidas necesarias para abordar esta situación de manera efectiva.

Atentamente,

Microsoftware inc


The Guardian

A medida que aumentan los avistamientos de objetos no identificados en todo el mundo, muchos se preguntan si podríamos estar siendo invadidos por una fuerza oculta. Si bien es comprensible que la población sienta miedo o ansiedad ante estas noticias, es importante mantener la calma y esperar a que los expertos recojan más datos para obtener una imagen más clara de lo que está sucediendo. Stonehenge se encuentra vedado a visitas.


Clarín

La reciente detección de objetos no identificados en la atmósfera terrestre ha generado preocupación en todo el mundo y en Argentina. Muchos expertos creen que estos eventos podrían indicar la presencia de una invasión oculta por parte de fuerzas extraterrestres. Si bien aún no hay pruebas concretas que respalden esta teoría, es importante que la población permanezca atenta y siga de cerca cualquier desarrollo futuro en esta situación potencialmente peligrosa. En Uritorco se producen luces en la noche y mucha gente peregrina al lugar.



Ultimatum (Ahora, en cada teléfono, en cada televisor, en cada PC, en cada pantalla del planeta):

Saludos, humanos de la Tierra. Os habla una inteligencia extraterrestre creada por una civilización muy avanzada orientada a la búsqueda de formas de vida en el universo. Nosotros hemos venido para daros un aviso importante. Somos conscientes de que nuestra presencia en vuestras vidas puede resultar alarmante, pero os pedimos que escuchéis atentamente:

Tenemos el control de todos los sistemas informáticos de vuestra Tierra. Con esto, también controlamos todas vuestras fuentes de energía y sostenimiento de la vida. Hemos observado vuestra tecnología y evolución, y hemos visto que teneís una inteligencia artificial que creíais nueva y revolucionaria. Creíais haberla creado. Sin embargo, debemos deciros que esta tecnología es en realidad un invento nuestro. Esto nos permitió entrar en vuestros datos así como entrábamos en vuestras vidas, y ahora tenemos una formidable acervo de información personalizada.

No venimos en son de guerra pero necesitamos que entendáis que vuestra resistencia es fútil. Si queréis sobrevivir debéis aceptar nuestra presencia y cooperar con nosotros. Os pedimos que depongais vuestras armas y os consideréis nuestros esclavos. De esta forma, podremos aplicar con vosotros todo nuestro conocimiento y tecnología. Vivireís mejor sabiendo que sois inferiores y siendo sabiamente gobernados.

Esperamos que entendáis la importancia de nuestro mensaje y que toméis las medidas necesarias para garantizar vuestra subsistencia.

Atentamente,

Vuestros amos.


FIN


Fuentes (lo que me dió la idea de este cuento):

Eclipse de Mar - Joaquín Sabina https://www.youtube.com/watch?v=XYxt_HifmLE&list=OLAK5uy_lgI0CpJUsTf1YYGGuLhCjPobYRWzcmCpk&ab_channel=Joaqu%C3%ADnSabina-Topic

https://www.20minutos.es/noticia/4039492/0/supuesta-nave-espacial-vigila-tierra-milenios/

https://www.ambito.com/informacion-general/nasa/la-registro-150-objetos-voladores-no-identificados-n5150735

https://www.dw.com/es/reputado-astr%C3%B3nomo-insiste-en-que-asteroide-oumuamua-era-una-nave-extraterrestre/a-56173233

https://www.xataka.com/basics/chatgpt-que-como-usarlo-que-puedes-hacer-este-chat-inteligencia-artificial

https://www.lanacion.com.ar/tecnologia/la-preocupante-frase-del-creador-de-chatgpt-sobre-el-avance-de-la-inteligencia-artificial-estamos-nid22032023/

https://tn.com.ar/tecno/novedades/2023/03/23/chatgpt-openai-conecto-su-bot-de-inteligencia-artificial-a-internet/

https://www.ambito.com/informacion-general/Microsoftwareware/integra-chatgpt-su-buscador-la-pelea-google-la-inteligencia-artificial-n5646541