martes, 9 de junio de 2020

El cuerpo del delito



“Hay crímenes para los que la ley no basta como adecuado castigo”
— Edgar Wallace


Lizarazu es mi apellido, mi profesión detective.
El golpe en la puerta un jueves al mediodía no auguraba nada bueno: nervioso pero seco, un golpe huesudo en la madera que astillaba los oídos.
Cuando fui a abrir, mis presunciones se hicieron realidad. Sofisticada, elegante, vestida con marcas caras y mirada de hielo. Y allí terminaba la imagen de 'chica en problemas' de película de Humphrey Bogart, la mujer estaba algo pasada de años, huesuda, de dedos largos pletóricos de anillos y nariz de navaja.
El desagrado en la voz revelaba un apellido de alcurnia aún antes de presentarse, cosa que inmediatamente ocurrió. Comencé a agregar ceros mentalmente en el cheque por el monto de mis servicios al escucharlo: Marita Grimaldi Prada de Ibal, familia de mansión en la Recoleta, casada con un algo más que joven empresario, de apellido definitivamente mucho menos aristocrático. Pero el joven empresario además de la juventud tenía mucho más dinero que la familia de la mujer de noble apellido venido a menos, caso típico de funcional reunión de riqueza y abolengo. Incluso los negocios de él se habían disparado luego de la unión gracias a una gran cantidad de nuevos contactos y el asociarse con conocidos y amigos de su esposa. Actualmente había dejado un tanto el agro y había comenzado a incursionar en el negocio inmobiliario.
De forma rápida busqué información en mi memoria: De ella recordaba que había participado poco en sociedad previo a su boda, que había sido pasados los 40 años, salidas a eventos benéficos y no mucho más. Aunque luego de casarse había aprovechado sus estudios de escuela de negocios y apoyaba a su marido desde el directorio de su conglomerado de empresas como socia, mientras él controlaba el curso de la compañía como CEO además de socio.
De él no había mucho que decir ya que era un desconocido en el ambiente de alta sociedad o farándula, aunque lo hubiera intentado. El apellido Ibal no había salido casi nunca en las noticias y nunca en la heráldica. Hijo único de familia de campo emprendedores desde la época de sus abuelos inmigrantes, había soñado siempre con la fama y el glamour sin lograrlo. Alguna vez cuando ya era un joven empresario exitoso había salido en una nota en un balneario de moda acompañado de una señorita muy sensual, prestándose a la clásica nota de chismes, y luego se había descubierto en otro programa de intimidades que él mismo había pagado la nota y la supuesta novia era una acompañante paga de una agencia de modelos. Siempre quiso escalar en el mundo de la fama sin lograrlo, hasta su casamiento. Para entonces ya su familia cercana había muerto, y del resto se había distanciado hasta ser irrelevante, contaba por entonces con varias industrias agrarias y plantas de producción propias. Durante la crisis hace unos años había apostado a poner la empresa en acciones vendiendo el 49% y quedándose junto a su esposa el 51% de cada uno de sus emprendimientos para seguir manejándolas, si bien parte de ellas se transformó en una buena inversión para varios amigos de su esposa, de antiguas y estables fortunas.
Si mi excelente memoria no me jugaba una mala pasada ambos se habían conocido por amigos mutuos en una cena de beneficencia, él intentando incursionar en sociedad y ella desgastada por la misma, y se habían casado enamorados. Volví al presente, aquí y ahora:
La mirada de acero de los ojos grises de Marita me taladraba con fijeza desde la silla frente al escritorio.

Me senté profesionalmente, con elegancia y recordé cruzar las piernas con recato y no extenderlas desgarbadamente por debajo del viejo escritorio de madera como es mi costumbre. Después de todo sabía comportarme como una dama cuando me lo proponía. Puse el registro más bajo posible en mi voz de frustrada soprano segunda cuando le dije:
— Ornella Lizarazu a su servicio, aunque por supuesto ya lo sabe. ¿Qué puedo hacer por usted?
— Necesito probar que mi marido murió en un accidente.
— ¿Su marido está muerto entonces?
— Tenía pasaje de avión para un congreso en Miami, Estados Unidos este lunes pasado. Me consta que no estuvo en las conferencias ya que varios directivos se comunicaron conmigo preguntándome al respecto. El vuelo de Deltan Canadian que debía tomar se estrelló en el mar este domingo pasado, después que salió de casa, y dejé de tener noticias suyas. Necesito probar que iba en ese vuelo.
Una parte de mi cabeza estuvo a punto de darle el pésame pero eso no era lo relevante en la conversación así que el hemisferio cerebral lógico se impuso:
— ¿Por qué necesita probarlo? ¿Cómo confirmación de su muerte, entonces?
— Exactamente. Mis abogados necesitan la confirmación para declarar 'muerte presunta' a partir del próximo lunes, cumplidos los 8 días que indica la ley.
Recordé que por la nueva legislación la muerte presunta se podía declarar ahora en ese tiempo acotado para accidentes probados de avión o barco contra los tres meses que requería antes. El punto es que comprobar que un pasajero estuviera en un vuelo no era demasiado difícil para cualquier persona, mucho menos para una que tuviera las relaciones que tenía la señora y una Black Card. Así que repregunté:
— ¿Y hoy que dicen los abogados?
— Que sólo es posible hacer una declaración de ausencia, y eso no me sirve.

No soy abogada pero por razones obvias a mi trabajo tengo que conocer la ley. Ya sea para hacerla cumplir o para conocer los riesgos de incumplirla, llegado el caso. Incluso en ocasiones no se hace justicia si se sigue la ley al pie de la letra. Por tanto, sabía algunas cosas: Con una declaración de ausencia sus herederos no podían disponer de los bienes de una persona, ni era posible disolver un matrimonio. Recordaba claramente que no tenían hijos. 
Bueno, es necesario hacer algunas preguntas sobre el particular: ¿Eran habituales esos viajes de negocios, se incrementaron en los últimos meses?
Si, en estos últimos meses tuvo más viajes, pero dentro las necesidades de la empresa
¿Pese a la ausencia en esta reunión, lo vio concentrado en los negocios, se quedaba hasta tarde en la oficina?
Algunas noches se quedaba algo más tarde, para reuniones con inversores y clientes. 
¿Algún problema de salud manifiesto? ¿Iba regularmente al médico?
Sano como un roble, no perdió nunca su fama de ‘Hombre de campo’, era nuestra mejor baza en las negociaciones con empresarios del agro, es más, en los últimos meses había comenzado a ir al gimnasio.
¿Cuánto hace que no tenían sexo?
¿¡Pero cómo se atreve!? ¿Qué me está preguntando? — Los ojos gris acero eran dagas que me apuntaban

Me acomodé en mi sillón viejo de cuero gastado. Las últimas preguntas eran clásicas en casos de infidelidad y la ‘señora’, acababa de responder mis dudas. Acodándome en el escritorio sostuve la mirada de cuchillo que tenía enfrente y esta vez hablé de mujer a mujer:
—  Grimaldi Prada de Ibal, usted necesita deshacer el matrimonio ¿verdad?
La nube que pasó frente a sus ojos presagiaba tormenta de forma feroz e inequívoca
— Necesito que confirme la muerte de mi marido. Las razones son mías y para eso pago.
— Pero no cualquier muerte, necesita la confirmación de que murió en ese vuelo para poder acceder a los bienes del matrimonio para este lunes.
— Exacto.
— No entiendo entonces la duda de que estuviera en ese vuelo, ¿No está en la nómina de pasajeros declarados?
— No
— No tomó el avión, entonces.
— No lo sé, pero necesito que lo pruebe.
El caso me intrigaba, no voy a negarlo. El punto es que no veía de qué forma podría resolverlo y el por qué la señora había llegado a mi puerta. Dos cuestiones que necesita urgente aclarar, así que comencé por la más sencilla y directa:
— ¿Y puedo saber al menos quien me recomendó para este trabajo?
— Usted hace un tiempo trabajó para Eva Estrada de Ruiz — Recordé que después de mi trabajo ya nunca más volvió a usar el 'de Ruiz'—. Ella le recomendó. Me dijo que usted podía estar a la altura del problema y que era discreta.
Eva Estrada. Un caso de al menos tres años atrás. Divorcio por infidelidad. Hubiera sido un escándalo social sino fuera que conseguí pruebas —en forma de unas muy expresivas fotos— del señor Ruiz con una promotora de Turismo Carretera. La señora Eva había conseguido la custodia de sus hijos, la mansión, un Mercedes de colección y la mitad exacta de la cuenta bancaria y acciones en la compañía de automotores del señor Ruiz sin necesidad de un juicio y en el mejor común acuerdo que se pudo lograr dadas las circunstancias. Esto me daba una estimación bastante clara de lo que estaba pasando.
— Entiendo que el señor Ibal tiene negocios en el exterior por los que se ausenta de forma repentina. Negocios por los cuales desaparece con repetida frecuencia. ¿Puede ser que estuviera haciendo otro negocio personal o familiar además del congreso?
— Si, viaja seguido. No, el viaje previsto era para sólo para este congreso, aunque esperaba entre los asistentes al mismo unos inversores para un proyecto de fusión de empresas que proyectamos para abarcar propiedades de la mitad de la costa este de EEUU. Ahora ese negocio está en peligro aunque yo como una de las principales inversoras de la empresa, así como el directorio, le indicamos a nuestro gerente general temporario que se haga cargo de esta situación de ausencia de mi marido. La realidad es que, sin mi marido, yo manejaría las acciones suficientes para decidir sobre el negocio y aprobarlo —¡Y ahí estaba una de las puntas del ovillo!
— Y su marido no se presentó en la reunión, teniendo pasaje en el vuelo del avión siniestrado.
— Su secretaria sacó el pasaje con la tarjeta de la empresa, pero él no figura en la lista de embarque cosa que hice investigar el mismo día que me informaron que no se había presentado en el congreso, el viernes pasado. Ya había ocurrido que perdiéramos una posibilidad de inversión importante en Milán porque hace unos meses no se presentó a una reunión, aunque nunca le hice saber que me había enterado. Quise confirmar el lunes en la empresa si había habido noticias pero desde el mismo lunes la secretaria no se presentó a trabajar dando parte médico. Tengo todos estos datos en esta carpeta. También está mi número de teléfono privado.
No era necesario ser un genio para atar cabos a esa información. No me estaba pidiendo una investigación, sólo una certeza.
— Perfectamente, tomo el caso. Déjeme la carpeta, y me comunicaré con usted mañana para contarle el avance en la investigación. Voy a necesitar seguramente permiso para hablar con gente de la compañía, en especial con Recursos Humanos por los datos que me harán falta, y prefiero si les puede indicar que colaboren con la investigación. Y está el detalle de mis honorarios...
— De eso puede despreocuparse. Sobre lo demás daré las directivas necesarias.
La acompañé a la puerta en donde le esperaba un gigante rapado que supuse de custodia. La vi salir del edificio y subirse con el custodio como chófer a un deportivo Jaguar rojo... aunque la señora hubiera dicho que era colorado.

Revisé los papeles de la carpeta: estaba una tarjeta personal, con su número de teléfono, el comprobante del pasaje de avión, y el resumen de la tarjeta de crédito empresaria de Ibal con la cual se compró, una copia certificada del registro de embarque en el que faltaba su nombre, teléfonos de personal de la empresa, el teléfono de Recursos Humanos y  — un detalle a tener en cuenta— el propio número de teléfono personal de la secretaria.
Esto claramente no era casual, pero no es mi línea habitual de trabajo el ser tan predecible.
Llamé por teléfono mientras me ponía una bata: Recursos Humanos me contestó de inmediato y estaba al tanto de quien era yo y lo que necesitaba. Anoté la respuesta a mi pregunta y me acerqué a Almagro al edificio de Lorelaine, la secretaria. Toqué el timbre del portero de su departamento
— Buenos días, soy del servicio médico de la oficina. Acto seguido subí dos pisos por escalera.
Sinceramente no me esperaba que me abriera la puerta con el dueño de la empresa asomándose en cueros detrás de ella, pero nunca hay que menospreciar la visita sorpresa. 
Me abrió una chica delgada, morocha de largo cabello oscurísimo, joven, de cara alargada y una evidente operación de pechos que lucían increíbles con el vertiginoso escote del camisón que llevaba. Atrás suyo, cabello castaño y una mirada entre preocupada y enojada, un chico de unos 8 años estaba haciendo un desastre de témperas sobre la mesa del comedor, lo que sin duda le sumaba cansancio a la evidente gripe que se notaba en los ojos con ojeras de Lore.
Estetoscopio en mano hice algunas preguntas de rigor médico —estudié medicina dos años después del secundario, aunque luego abandoné esta carrera a la que me había empujado mi padre porque no era mi vocación— y entre las preguntas intercalaba otras que me interesaban mucho más, aprovechando la confusión que provocaba la demandante criatura que llamaba a la madre cada dos minutos ya pidiendo agua, leche, galletitas, y gritando mientras se la traían sin parar de llorar, para acto seguido volcar el agua manchada de témpera al piso durante un berrinche cuando no era atendidas sus exigencias al instante. Con la paciencia y control que demostraba Lorelei, le hubiera pedido yo misma que fuera mi secretaria en caso de poder costearme una, o mi cirujano sí fuera el caso necesario. Pregunté:
— ¿Tuvo fiebre? 39
— ¿Dolor muscular?  un poco
— ¿Cuándo comenzó este cuadro? el lunes por la mañana
— ¿Ya había recibido otra visita médica?  Si, este mismo lunes. Me dieron 72 horas, me extrañó que usted pase hoy —Confirmación del estado del cuadro gripal para prevenir el contagio, la empresa se empeña en evitar el síndrome de 'edificio enfermo' — ¿Y eso es...? —No se preocupe, no es el caso.
— ¿Si es necesario puede ausentarse del trabajo unos días más? Si, supongo que no habría problema, pero espero reincorporarme lo antes posible.
— ¿Su jefe se molesta cuando falta varios días? No creo, es muy amable. Y esta semana volaba a un congreso por varios días.
— ¿Usted acaso debía asistir con él a la reunión como su asistente? ¡Qué pena perder el viaje! — No, en general últimamente siempre lleva a una de las abogadas de la compañía para asistencia legal.
— ¿...?

Salí rápido confirmándole a Lore el parte médico anterior y que se reincorporara a las 72 horas e inmediatamente me comuniqué con la compañía aérea, presentándome como abogada de la empresa. El pasaje de al lado de Federico Ibal en la sección de Business estaba a nombre de un tal Ignacio Choco, y no había sido sacado con el mismo plástico. Incluso me indicaron que no había ningún otro pasaje en ese avión sacado con la tarjeta de la compañía. No, no podían darme más datos. No insistí.

Llamé nuevamente a Recursos Humanos, y confirmé que en otros viajes había sido acompañado por una joven y soltera abogada del departamento jurídico de la empresa pero que en esta ocasión no habían viajado juntos. Ella estaba de vacaciones. Laura Neuer, abogada con maestría en derecho empresario de la Universidad Católica Argentina. 33 años.
Obtuve el número de su cuenta personal adonde le depositaban el sueldo, y en el resumen tampoco había habido compras de pasajes. Nada en la tarjeta con respecto a vuelos. Pero sí una habitación matrimonial de hotel en Buzios, Rio de Janeiro, Brasil. Y algunas compras menores incluyendo entradas a un parque de atracciones para dos personas. Ayer.
Con el DNI y su nombre completo no me costó demasiado encontrar sus datos y fotos: Varios viajes por el mundo los primeros como ex modelo de una conocida agencia; la agencia fiscal mostraba que por un tiempo había sido socia en un bar temático. Su Facebook estaba convenientemente protegido a ojos curiosos, restringido sólo a amigos pero su instagram era público como correspondía a una ex modelo. Y en el post más reciente se la veía en un entorno medieval, en una mesa claramente para dos tomando de la mano a un hombre que convenientemente no aparecía en la foto, pero yo había visto esa misma tarde ese anillo. Bueno, en realidad el correspondiente a la engañada esposa del presuntamente difunto Federico Ibal. Todo apuntaba a que la muerte iba a ser una realidad cuando la señora confirmara la situación.

Llamé de nuevo a la aerolínea.
Cuatro horas más tarde el taxi me dejaba en la puerta de un cinco estrellas en Rio de Janeiro. Me registré en la habitación 14 del exclusivo hotel boutique en el centro de Buzios. Ya era tarde, pero faltaba un poco para la caída del sol. Llegué a la habitación y aunque no me molesté en desarmar el bolso, si me puse cómoda: la habitación era luminosa, paredes blancas, con ropa de cama nívea y pétalos de flores encima. Flores también en los jarrones, y almohadones con simpáticos diseños selváticos. Me serví una copa del champagne de bienvenida, comí unos maníes del frigobar —me encanta el maní tostado y salado, es una debilidad— y me di una ducha. Envuelta en la bata me asomé al balcón de la habitación que daba a la enorme pileta. Federico estaba tomando unos tragos en la barra mientras Laura aprovechaba los últimos rayos del sol en una reposera. Me puse la malla y bajé.

Los pude observar tranquila mientras me acercaba. Laura parecía menos años que los que tenía, un cuerpo esculpido a a fuerza de genética y fitness, bikini y movimientos sensuales, ojos negros enormes y unos labios voluptuosos con un toque de labial, aún en la piscina. Tengo buena figura y curvas interesantes, pero nunca me animaría a competir con una mujer así. Tanto hombres como mujeres no podían evitar mirarla al pasar, magnética, fascinante. Descarté cualquier acercamiento a ella y me dirigí a la barra. Federico tenía un Martini en la mano, apostaría cien a uno a que lo había pedido ‘agitado, no revuelto’. Lo miré a los ojos, me presenté. Hay que darle debido respeto: casi no reaccionó en medio de mi relato, no frío sino tranquilo. En algún punto me sacó una sonrisa pese al momento, era un poco simple sin ser tonto. Se hizo cargo del problema de inmediato y alcanzó a una mínima defensa con una mirada enamorada a Laura, que aún no se había percatado del cambio de la situación, tras los lentes de sol. Era claro que era su sueño hecho realidad, la mujer que siempre había deseado. Gracias a eso estábamos cerrando un acuerdo cuando al fin el ‘cuerpo del delito’ real se acercó, con una mirada de curiosidad al vernos conversando que no tardó en convertirse en enojo. 
Siguieron unos llamados a los abogados de Marita, a unos amigos abogados de Laura, expertos en herencia y familia. Ella misma era experta en derecho laboral y acciones, así que lo vio de inmediato: al divorciarse, Federico perdía el control de las empresas —de TODAS sus empresas— al dividir el paquete accionario entre él y su esposa. Por otro lado, estaba el declararlo muerto…
Federico sugirió algo, consultamos a los abogados que con el advenimiento de Marita enseguida volaron a Rio. El gesto de Laura era de confusión y asombro, pero Federico se veía feliz en medio de su pedido insólito y original para solucionar el problema. 
De alguna manera su intención era casi de película: me dio su anillo de matrimonio grabado, que con un poco de ayuda monetaria pudimos hacer aparecer en el lugar del accidente, así como un testigo que afirmó haberlo visto en el avión. Eso le permitía tener el control de las empresas a Marita, por no perder las acciones de él. A cambio, y mediante el intermedio de un conocido mío que era experto en esos trabajos, le fraguamos una nueva identidad, como playboy famoso. Era empezar de nuevo, con la vida que siempre quiso. La ahora ‘viuda’ Grimaldi Praga (ya sin el ‘de Ibal’) por medio de una compañía fantasma le creó un fideicomiso mediante el cual le asignaba una cantidad indexable  mensual por los próximos 50 años, que le permitía vivir en cualquier hotel de 5 estrellas en el mundo, para que pudiera tener la vida que siempre había soñado. Para dos, por supuesto. Y un par de vuelos disponibles a cualquier lugar del mundo. Un nacer de nuevo, una vida de glamour y misterio en sus orígenes. 
Se cerró el trato.
Descartaba que Marita cumpliera con las condiciones, y también Federico, cada uno tenía lo que quería. Marita el dinero y las empresas. Federico el glamour de una nueva vida y a Laura. Los dos la libertad que deseaban.
Todos felices. Caso cerrado.
Lo cobré muy bien, la verdad.
La siguiente noticia que tuve de ellos fue menos de seis meses después de la publicitada ‘muerte’. Caminando por la calle en un kiosco vi a Laura en una revista del corazón, claramente era ella, acompañando la foto como la flamante novia de un magnate naviero griego, que indudablemente no era Federico.
No se puede tener todo.

Fin
Pablo Brión, 08/06/2020

martes, 28 de abril de 2020

El arma final




¿Ahora que necesitas? — preguntó el cuervo mientras se acicalaba con el pico su plumaje arcoíris.
Completar los ingredientes del hechizo único que acabo de crear para poder lograr el arma perfecta —respondió la bruja primigenia.
Necesito me traigas algunas cosas que existen y otras que no, pero que están escondidas en la canción de la Creación que están cantando en este momento, la canción que nos aleja y nos condena al olvido. Necesito cosas del pasado y del futuro, y de un futuro probable incluso. Cosas que están naciendo y momentos que mueren.
¿Podrías acaso ser más específica?
¡Pájaro horrible! Cuando te envíe a la Tierra con el arma vas a ir disfrazado de tristeza infinita y de noche sin estrellas como te escuche responderme así otra vez. Ahora no pierdas detalle, para mi venganza contra el creador del mundo que me apartó de su camino, necesito:
o Brasas encendidas de un volcán en erupción
o Hierro de una mina abandonada del inframundo, y carbón del corazón helado de un asteroide, para forjarla
Entonces esperaré a que el color de la mezcla cambie de ser el de un rayo de sol, al de un atardecer púrpura de metano. Cuando llegue al color envenenado de una manzana de abril, voy a requerir:
o Rocío de lágrimas de estrella, para templarla
o Hebras de luz y nervaduras de hojas de otoño en las guardas. 
o Una pluma de tornasol de la cola de un cuervo…
¡Ayyy!
Silencio, ese ingrediente ahora ya lo tengo.  Para imbuirla necesito:
o El delicado sonido del trueno.
o La frialdad de la más profunda sima del océano, el chisporroteo de la arena hirviente al transformarse en vidrio helado.
o Una maldición mortal de bruja, eso por supuesto lo tengo y en abundancia.
o El corazón fresco y confiado de un cervatillo recién nacido, el iris infinito de la vasta nebulosa de Andrómeda, el oscuro resplandor del interior de una gema sin pulir.
o El imposible de un diluvio en el desierto. El sentimiento que produce el despertar y aspirar aire en un campo de flores. La pasión y muerte de dos estrellas chocando, el olvido y el dolor de un naufragio.
¿Todo eso existe o existirá?
Existirá si no logro destruir este mundo que nace, has silencio y escucha, debes traer también:
o Una astilla de madera noble
o Sal
o El temblor encrespado de una ola con viento Levante.
o El calor de la piel de un cachorro.
o La fuerza determinada de un cometa al estrellarse con un planeta
o La inimaginable danza de copos de nieve en una tormenta
o La soledad de una mirada a la que apartan la vista, y el desdén de la mirada que se aparta.
o El tiempo infinito de la soledad de un grano de polvo estelar.
o La dura piel de un tiburón para reforzarla; para envolverla la caricia de la luz de luna en una playa desierta y el brillo de un atardecer visto desde una montaña nevada. 
o El segundo exacto del primer momento de la creación de este universo. Mucha atención en esto, tenemos una sola oportunidad de tenerlo, no se puede repetir.
o El azul intenso de la esperanza en un sueño de mar, para embellecerla.
o Tres gotas de pura magia robada del ala de un ángel.
Ahora vuela cuervo, te doy el poder de llegar a los mundos existentes e imaginados, a los lugares ocultos y a encontrar lo que se esconde en el vacío, puedes llegar a lo cercano y a lo que apenas es posible. A lo inasible y a lo por un segundo vislumbrado.
Sus deseos son mis órdenes.
Y voló el ave entre misterios e imposibles. 
El viaje lo cambió, como cambia todo. Sus colores regresaron inalterables, pero ya no era el mismo y su corazón era más anciano. Dejó de tener el vuelo ligero y despreocupado de un ave común para tener el de un ave rapaz, obligado en su misión.  Misión de la que sabía el objetivo: destruir una creación que veía nacer ante sus ojos, que veía en imágenes y pensamientos, en sentimientos encontrados y en deseos imposibles. En el resplandor de la gema sin pulir se vio reflejado por primera vez, asombro y soberbia. La futilidad del paso de los segundos en el polvo estelar, la desesperación de un naufragio. No se daba cuenta que el observador estaba alterando lo que observaba.
Casi falla en su misión al tratar de conseguir la magia de un ángel. Tan difícil fue que, por las dudas, llevó una gota de más. 
Con una sabiduría impensada traída acaso de la eternidad de una nebulosa, al fin regresó
La bruja primigenia no le prestó atención a sus notorios cambios, ansiosa por tomar venganza contra un Hacedor y una Creación que crecía y la rodeaba. Con odio puro encendió las brasas, con dureza arrojó el hierro y los minerales. La fragua ardía.
El cuervo observaba el proceso La mirada de sus ojos dorados cambió para siempre a un iris color azul gris acero durante el templado, al contemplar la mezcla sin un pestañeo. Recordó el miedo y temió los recuerdos cuando los demás ingredientes se incorporaban, se unían y se cohesionaban tomando forma.
La masa informe cambiaba de colores momento a momento:  ya al final, la esperanza de un sueño de mar lejos de teñirla de azul la cambió al color del deseo mayor de cada persona haciéndola diferente dependiendo de quién la viera. El ave acercó una garra para tocarla y la retiró cuando vio que una de sus uñas se deshacía al contacto. Pero ya la forma que se creaba ocultó esto a la bruja que no lo vio, concentrada como estaba en el paso final:
Ahora la magia pura en gotas: una, dos, tres… ¡Nooo! —gritó la bruja iracunda al ver caer una cuarta gota, que brillo en un destello antes de amalgamarse por completo.
Traje una más por sí… —trató de excusarse el cuervo.
La bruja lo golpeo con la varita de retama con la que estaba mezclando. El cuervo se tornó negro como la noche sin estrellas tal como la bruja prometiera, y tornasolado como el recuerdo de un relámpago. La voz se le apagó en un graznido y se cubrió de ecos funestos.
Pero no hubo tiempo para más, la creación había terminado y tomado forma. Emergió de entre las llamas y los miró.
La bruja primigenia le ordenó a La Mujer:
Eres el arma definitiva, el cuervo te llevará, llegarás a la Tierra y destruirás la Creación.
La Mujer miró a su alrededor, tomó una espada afilada de la panoplia de armas y de un sólo y único movimiento atravesó a la bruja primigenia con una estocada precisa en su centro vital. Miró al cuervo:
Llévame a la Tierra —dijo.


Fin


Pablo M. Brión
25/04/2020





jueves, 27 de febrero de 2020

Ella sabe a café


Lo primero que hace en la mañana es tomar un café. En la cafetería ni se sienta, pide el macchiato y en la misma barra deja el valor exacto mientras lo bebe de un sorbo, como merece vivir su vida. Es su despertador y su costumbre, su inicio y su fin, es el preludio de la sonrisa en la mirada de sus ojos marrones y su beso largo en mi boca. Ella sabe a café. Ella sabe a felicidad.




jueves, 20 de febrero de 2020

Lista de 20 libros de ciencia ficción



Aclaro que esta lista fue armada en un rato, es muy personal y seguro dejé demasiados muy buenos títulos afuera. Ni revisé el epub, sólo la biblioteca y mis gustos. Y como me encanta la Ciencia ficción de los 50/60 (la era dorada de la C.F.), van a encontrar demasiados títulos de esa época. Y muchos de mis autores preferidos: Para mi Asimov, Bradbury y Heinlein hay que leerlos completos. Los dos primeros decaen un poco en sus últimos años, pero igual vale la pena leer todo lo que hayan escrito, así sea la lista del supermercado.


1.- Fundación (de la trilogía luego ampliada Fundación) - Isaac Asimov
Si se lee junto con las dos series que la preceden (saga Robots y  saga Imperio), son 14 libros. Todos excelentes, pero Fundación engancha. La trilogía tiene dos precuelas y dos secuelas https://es.wikipedia.org/wiki/Serie_de_la_Fundaci%C3%B3n
Es imprescindible para cualquiera que lea Ciencia ficción.

2.- Fahrenheit 451- Ray Bradbury
Una de las mejores novelas del maestro Bradbury, un futuro distópico. Es la novela por excelencia para los lectores que amamos a los libros y que estamos a favor de un pensamiento crítico y que creemos el poder tener criterio propio. Un bombero —Montag— cuyo trabajo es quemar libros por ser una peligrosa fuente de pensamiento independiente empieza a cuestionarse de por qué hace lo que hace, por qué esta prohibido pensar distinto. Va de la mano con la novela 1984. Debería estar obligatoria (Si, si, yo repito lo malo del pensamiento dictatorial) dentro de las lecturas del colegio secundario.

3.- Dune, Frank Herbert
Uno de mis preferidos, lo leo y lo vuelvo a releer, lo tengo en papel y lo sigo leyendo. Una novela épica con un viaje del héroe como el del Señor de los Anillos, pero en forma de ciencia (MUCHA ciencia) ficción. Historia perfecta y personajes excelentes. Guerreros, pueblos oprimidos, ecología, imperios, confederación de mercaderes galácticos, una droga (Especia) imprescindible, luchas feudales, traiciones y secretos a cada paso, mujeres con poderes (y que usan su encanto para la intriga política) y un codicioso emperador. Un destino y un Mesías. ¡Por si fuera poco, hay gusanos de arena gigantes! El que controla Dune, controla todo.

4.- Starship Troopers (Tropas del espacio) - Robert A. Heinlein
Importante: No tiene nada que ver con el bodrio nefasto que fue la película. El libro es especial para los que nos guste lo militar, o que cómo yo hayan hecho la colimba: Reconocés TODO, todo el entrenamiento; en medio una historia de un pibe joven que termina metido —y mal— en una brutal guerra intergalactica (pobre Buenos Aires...). Una oda a la milicia, en sus mejores virtudes de respeto y honor.  Es más parecida a la película Reto al destino que a su propia versión, pero intergalactica. Y algo de humor también, inevitable en  Heinlein. Un combo perfecto

5.- El juego de Ender - Orson Scott Card
Ok, voy a exagerar: Creo firmemente que una raza extraterrestre creó a los humanos para que lograran grandes avances, y logramos el objetivo con 4 logros: cultivamos cacao para hacer Chocolate, descubrimos la Coca Cola, creamos la cinta scotch, y... Orson Scott Card escribió esta novela.
Un niño es seleccionado y entrenado para ayudar a diseñar la estrategia para ganar una guerra espacial, pero antes se va a tener que hacer fuerte y crecer como persona y como líder. En el medio, política. El final es único. Después se la puede continuar con otras novelas subsiguientes, pero la verdad no le llegan ni a los talones.
No vean la película, u olvídenla hasta haber leído el libro.

6.- 2001: Una odisea espacial - Arthur C. Clarke
Trata sobre los mucho ¿por qué? de la historia de la humanidad, es una novela sobre miedos y dudas en una nave espacial. Dudas existenciales. Un grupo de viajeros que buscan descubrir los secretos de la humanidad como por ejemplo el porqué de la vida y una inteligencia extraña. Acá sí! vean la peli!

7.- Crónicas marcianas - Ray Bradbury
Si, este es de los imprescindibles. Se lo leo a mi nena y no perdió valor en 60 años. Son cuentos, que forman una novela sobre el descubrimiento de Marte y los primero y posteriores contactos con los marcianos en una conquista de Marte sin guerra. Es poesía pura. Tiene momentos maravillosos para leer. Es rara, emotiva, cómica y brillante, es imaginativa y muy personal. No es una novela, porque cada cuento es único.

8.- Yo, robot, Isaac Asimov
Asimov es uno de los tres grandes en la ciencia ficción. Una colección de relatos sobre el nacimiento de la inteligencia artificial (los cerebros positrónicos) y los primeros robots, y sobre todo los errores en el proceso. Es una crónica con cuentos individuales como Crónicas marcianas. Se plantea la relación entre humanos y robots, los problemas que se generan por eso y se introducen las 3 Leyes de la robótica, que van a se imprescindibles para las novelas posteriores del ciclo Robots https://es.wikipedia.org/wiki/Serie_de_los_robots

9.- Amos de títeres, de Robert A. Heinlein
El mundo está siendo atacado pero no lo sabe. La acción se centra en EEUU, los invasores toman el gobierno, las ciudades y la mente de la población. Sam Cavanaugh será la única persona capaz de salvar el país y el mundo. Una historia de espías y aventuras dentro de una invasión a la tierra. Inventó un nuevo género y fue copiada mil veces: Me quedo con la original. Me encanta Heinlein —y lo pueden notar en este listado— y su cierto sarcasmo al escribir. Alternativa: el libro 'Viernes', una espía genéricamente modificada en una guerra entre corporaciones, del mismo autor

10.- Ready Player One - Ernest Cline
Ya les digo que la película no le hace justicia. Una novela fantástica para los que vivimos los `80s. El tipo la escribió claramente pensando en llevarla al cine, esta plagada de lugares comunes, de cultura pop, y con tanta ciencia ficción como fantasía. A mi me gusta. No es un clásico ni tiene las mejores críticas, pero tanto esta novela como Armada, del mismo autor, ya las leí 3 veces cada una en poco tiempo. Viaje del héroe a pleno, un símil facebook y videojuegos, con realidad virtual y una empresa que trata de dominarlo todo ¿Qué puede fallar?

11.- Historia del futuro, de Robert A. Heinlein
Relatos y novelas cortas van construyendo una linea de tiempo que cuenta esta historia del futuro, descubrimiento por descubrimiento, apoyándose en cada avance tecnológico y en la voluntad de un inventor idealista. Un Tony Stark que piensa en el bien de la humanidad mas que en el suyo, aunque no por eso deja de ganar dinero. Y que tiene un sueño, que es la historia de su vida que camina paralela a la linea de tiempo de la historia del futuro. Son cuatro libros y cerca de 40 relatos. Albolutamente brillante. Ninguno está de más.

12.- Las torres del olvido - George Turner
Novela no tan conocida como las anteriores, me la recomendó el profesor en un curso de escritura de ciencia ficción. Postapocalíptica en parte, muestra una realidad muy posible. El libro te mete dentro del relato y no se puede escapar, brutalmente absorbente, atrapa y te obliga a leerla por pura intriga de sentir como propios a los protagonistas y ver que les pasa.

13.- Traición - Orson Scott Card
También conocido como 'Un planeta llamado Traición', esta novela es una de mis preferidas. Ciencia ficción política, muestra distintas culturas de la actual Tierra  (y es divertido diferenciarlas) y como aprovechan sus ventajas para sobrevivir al ser exiliados en Traición, un planeta prisión en el que no hay metales. Y todos los grupos, luchando entre ellos, buscan conseguir como conquistar al resto o comerciar para poder escapar del planeta. Una nave espacial requiere mucho metal...

14.- La paja en el ojo de Dios - Larry Niven, Jerry Pournelle
No es de los habitualmente recomendados, está bien escrita, es imaginativa, es mejor cuando uno recién empieza a leer ciencia ficción. Fue mi caso y me gustó mucho. Es un poco larga al principio, pero cuando encuentran a la raza de los 'pajeños' todo se acelera y se lee muy rápido, y las diferencias de cultura entre razas se transforman en excepcionales y modifican el argumento constantemente, desde una invasión posible a una plaga segura. El segmento 'romántico' de la novela está de más y es prescindible pero no molesta. Es como para empezar a leer el género, si aún no se conoce mucho y con perspectiva de descubrimientos, aventura y risas. A Indiana Jones le gusta esto.


15.- Playa de acero - John Varley
Una novela rara, que aborda el cambio de género y la inteligencia artificial omnisciente que se mete en forma obsesiva en la vida de cada humano. Tiene muchas cosas originales, mucho de ciencia ficción clásica, algunas sorpresas, mucho humor, una trama interesante pero no demasiado destacada  que borra algunos códigos establecidos del género dándole mas importancia a los personajes que a la historia. También recomendada en un curso de escritura hace miles de años. Todavía tengo el libro, comprado en una librería al paso en la Av. Corrientes. Tiene mucho de recuerdos este título de la selección, pero califica para estar dentro de los veinte.


16.- La máquina del tiempo -  H. G. Wells
Quizás una de las primeras novelas de ciencia ficción, tenía que estar en el listado. Aunque por eso tenga que dejar afuera a Frankenstein, escrita 80 años antes...
Mezcla aventuras, y una visión social y política de hace 120 años atras, lo que transforma la novela en un solipsismo de sí misma: La novela ES la máquina del tiempo. Y te deja ver como pensaba una sociedad que ya no existe. Wells no escribe tan bien como maestros que vinieron mas adelante, pero prácticamente creó las bases del género, no podía no estar (con resultados tan espectaculares como la serie de Netflix 'El Ministerio del tiempo'). En cuanto a los viajes en el tiempo escritos mas 'modernos' y trabajados en cuanto a detalle para leer luego de esta, elijo un cuento y una novela corta: A Sound of Thunder (el ruido de un trueno) de Bradbury, queresume perfectamente el concepto y precede o inspira al luego llamado 'efecto mariposa'; y como novela El fin de la Eternidad de Asimov, que tiene viajes en el tiempo, ejecutores, programadores, romance, misterio y una trama casi policial.

17.- Neuromante - William Gibson
Esta es rara en serio. Escrita en 1984, Neuromante es considerada como el progenitor del género Cyberpunk y fue la primera novela de ciencia ficción en ganar simultáneamente los premios Nebula, Hugo, y se quedó también con el Philip K. Dick. Esta novela totalmente original para su época y trajo mucha nuevas  ideas que se usaron tanto en películas como en la realidad, incluyendo la invención de términos como el Ciberespacio.

18.- La mano izquierda de la oscuridad, Ursula K. Le Guin
Rara, casi no la pongo pese a que Ursula es una de mis autoras favoritas en fantasía. Tiene varios escritos de ciencia ficción, esta la elegí porque se escapa de la ciencia ficción tradicional, y trata de forma muy avanzada los problemas de género que hoy están tan en actualidad. No apto para machistas ni para feministas, sólo para agarrarlo con la mente abierta. Alternativa de la misma autora y aún dentro de la ScFi: Los desposeídos, sobre una utopía comunista. Siempre escribe bien.

19.- Una canción para Lya  -  George R.R. Martin.
Y si, el amigo Martin comenzó haciendo ciencia ficción mucho antes que lo  conociéramos con su juego de Tronos. Esta es la novela breve que ganó Premio Hugo en 1975, y se puede encontrar suelta o dentro de el libro Ciencia Ficción 1 del autor junto con otros cuentos. A mí en lo personal me gustan más los cuentos de Martin que las novelas, pero eso es personal. Este libro trata de  una pareja de telépatas que intenta descubrir el misterio del pueblo shkeen y su adoración por los greeshka, un mortífero parásito. En el medio, una historia de amor en crisis. Lo notable en que se destaca es lo bien escrita, y la onda aventura que hace que no se pierda la emoción constante al leerla. Alternativa, los cuentos de El viaje de Tuf.

20.- The Reckoners - Brandon Sanderson
Literatura juvenil, seguramente si la buscan encuentren esta serie dentro de fantasía más que de ciencia ficción, pero para mi está dentro de la última. Los poderes no se obtienen por magia, sino por radiación y mutaciones; y se lucha con tecnología para compensarlos. The Reckoners es una ¿trilogía? de... 4 novelas. La serie consta de Steelheart (2013), Mistosis (2013) Firefight (2015) y Calamity (2016). Un mundo de futuro improbable en que aparece una entidad cósmica (nombrada como Calamity) que otorga aleatoriamente a algunas personas poderes que los transforman en superheroes. Pero... son humanos, así que en cuando tienen poder todos se transforman en Supervillanos (Épicos), jajajaa, y destruyen los gobiernos y esclavizan a la humanidad. Otra vez el viaje del héroe que se opone a los mutantes. Excelente manera de abordar a este nuevo autor que es para mi uno de los mejores de la fantasía (y de la ciencia ficción).


Nota: Tengo pendiente a leer, muy recomendado Pórtico de Pohl (Saga de Heechee). Y estuve a NADA de que una de las novelas fuera Viaje al centro de la tierra de Julio Verne. Otro incombustible del tiempo.

miércoles, 19 de febrero de 2020

Calma




El momento tenso, la queja, la palabra de más.
Discusión y gritos. Un amor que se rinde transformado en repentino odio.
Una mirada de bronca y de tristeza que no reconozco como mía.
El dolor, la angustia, la desesperación, el hastío, la prematura ausencia aún cuando aún no se fue. El desinterés.
La puerta al cerrarse.
Lágrimas que son un sollozo sordo y mudo, ardiente y húmeda expresión de pena y dolor.
De despedida y silencio
Y vuelve la calma, con un frío de cementerio en el alma.

martes, 18 de febrero de 2020

La leyenda de la hechicera perdida




Se despertó sin recordar nada. Una mirada alrededor le dejó ver que estaba en una construcción vieja de paredes dañadas, escaleras rotas y ventanas con tablas y sin vidrios. El polvo en el suelo formaba un dibujo de su cuerpo, no recordaba cuanto hacía que estaba allí dormida o desmayada pero sin dudas debía ser mucho tiempo. Afuera silencio, apenas algunos gritos de animales a lo lejos. La memoria le regresaba a fragmentos: Caos. Estaba en el reino del Caos. Había estado antes en los reinos de Muerte y de Vida, ahora... ¿Cómo había llegado aquí?
Se levantó despacio. A su alrededor solo unos muebles viejos y desvencijados, polvo y algunos libros en una escritura que no reconoció de inmediato. Estaba vestida con un vestido entre rojo y púrpura, con una caperuza y un cinturón de metal. Mangas largas y abiertas y un colgante en el cuello: Yin, dijo su aún adormecido cerebro. Ese creía que era también su nombre, Yin. 
El vestido era similar al de las huestes de las Vengadoras de la luz, aunque no era blanco. Un momento ¿cómo sabía eso? ¿Y que eran las Vengadoras de la luz? Tuvo un estremecimiento, no supo sí de miedo o de dolor al recordar eso. Un recuerdo.
Dio vuelta el colgante, un amuleto con una forma curva y elegante, se veía incompleto. Recordaba apenas que lo había sujetado fuerte para salir, para escapar... ¿de dónde?, había llamas, había alas blancas y negras. Había dolor, y gritos con palabras hirientes, sonidos disonantes y su amuleto. Era un amuleto, ahora estaba segura. Y tenía su nombre. Y venía del reino de Dolor, pero ¿de donde venía ella? ¿quién era? ¿por qué no lo recordaba?
Se asomó a la ventana, espió entre las rendijas de la ¿cabaña? ¿eso era? Veía montañas,  la construcción estaba en la ladera de una de las mas altas cumbres de una cadena de montañas, semioculta por un bloque de piedra.  Granito. Las palabras se formaban en su mente como chispas. Montañas Yin, dijo una voz dentro de ella. Raro. Hoy todo parecía tener su nombre y ella no se acordaba de quien era. Decidió salir al exterior pero la escalera estaba rota y derruida, la cabaña o templo tenía signos de haber sido importante  pero hoy era una ruina. Se acercó al borde y con un movimiento reflejo se apoyó en el vano de la abertura y saltó al piso de abajo con una pirueta perfecta. Su cuerpo respondía sin siquiera ella tener que pensar lo que hacía, era maravilloso. Se quedó de pie perfectamente erguida en medio de la sala tal como había caído sin una arruga en su ropa, mirando más muebles rotos y desechos de bancos, acaso un altar. Al frente, una puerta. Se acercó a abrirla y encontrándola fuertemente trabada intentó forzarla: Tarea inútil. 
Al parecer era ágil y tenía memoria cinética pero no super fuerza, ¡qué lástima!  Sonriendo ante el pensamiento de tener poderes especiales miró la puerta y mientras una luz se hacía en su mente la señaló mientras decía: — Flauge. La bola de llamas brotó de sus dedos acompañando el gesto y chocó contra la puerta partiéndola en pedazos ardientes. Caramba.

Se asomó al exterior y salió de la cabaña sonriendo.

continuará

jueves, 13 de febrero de 2020

Café para el sueño


Café.
Más café.
Más azúcar en el café.
Más azúcar.
Una coca cola.
Grande,
y café
¿Café con coca cola?
y con azúcar. Más azúcar
No, crema no.
Necesito dormir.