viernes, 27 de abril de 2018

Respira




Respira.
Pasan lentos los segundos. Respira.
Aún suenan los gritos, ahora quejidos. Respira.
Silencio. Respira.
Mantenerme escondido. Suenan las sirenas
Está oscuro, hace falta oscuridad. Respira.
Vienen.
Voces. Un timbre. 
Golpes en la puerta. Respira.
Las voces se hacen una órden, un grito, madera astillada. Respira.
Mantenerse quieto. Reflejos de luces rompen la oscuridad. Mi mano roja.
Pasos en las escaleras, sobre mi cabeza. Silencio de golpes.
No más pasos. Respira.
Voces alteradas. Densa oscuridad. Respira.
Pasos, pasos por todas partes, golpes, sonido de muebles y puertas. Oscuridad.
Llamadas por teléfono. Menos pasos. Respira.
Pasos que se alejan. Afuera es luz, aquí oscuridad.
Silencio.
Más silencio.
No puedo ver mis manos. Es lo mejor. Respira.

jueves, 12 de abril de 2018

Crisis



Es común decir que deberíamos aprender de los chinos, cuyo ideograma para el significado de Crisis está compuesto por los de Peligro y Oportunidad. Sin embargo esto no es cierto para los propios chinos ya que en su escritura estos ideogramas son indivisibles, la acepción de oportunidad para el segundo ideograma no corresponde por tratarse de una construcción de significado y la traducción más literal sería "Punto o posición de peligro", o "Cambio peligroso". No, no tiene una traducción esperanzadora, lo siento. 
Así que dejemos de lado la occidentalizada invención de un supuesto tao de yin y yang inexistente en la palabra y vamos a lo que importa en una crisis. Como punto esencial, es necesario enfrentar cada crisis con inteligencia y no sólo las con emociones, a fin poder encontrar soluciones alternativas. Y con optimismo, también.
Esto es muy lindo en papel, y en los cursos de autoayuda, pero en la práctica las crisis nos angustian, nos preocupan, nos estresan y nos superan con tanta facilidad que vemos todo en forma negativa. Mi caso: Compro un departamento. En lugar de la felicidad del departamento propio, veo la crisis de los arreglos, de la pintura, de la mudanza, y mil pequeñas angustias sobre como reparar cada cosa rota, como organizar cada cambio, deseando volver a la rutina. Crisis es también el miedo a los cambios. Y los cambios muchas veces nos superan. 
Yendo a algo mas occidental, un tal Albert Einstein dijo sobre eso: “Quien supera la crisis se supera a sí mismo sin quedar superado”. Fantástico Albert, ¿Cómo superamos la crisis, entonces?
La experiencia, la filosofía, el PNL y libros de autoayuda se ponen de acuerdo en un punto: Hay que estar convencidos de que se puede superar. Ya sea gritando tres veces frente al espejo "¡Yo puedo!" —y que conste que no es mala idea, aunque puede ser sin gritar sino diciéndolo convencido—, cómo tomándose tiempo  para pensar los cambios y armar un plan de acción —sin duda mi preferida—, y / o pidiendo ayuda. La combinación de las tres es poderosa. La ayuda puede ser un amigo que nos de una mano con la mudanza, el contratar a alguien que haga las cosas que no tenemos idea de como se hacen —ya sea contratar un gasista para una casa o un asesor en un trabajo, o pagarse un curso de algo que necesitamos saber—, o puede ser ayuda de un psicólogo, grupo de amigos, sacerdote, etc, que logre llevarte a un estado de suficiente paz mental que te permita armar el plan y ejecutar los demás pasos. Primero calma, después acción. 
Sí uno se atreve al cambio, sí comprende la crisis, no sé sí encontrará oportunidades —a veces si— pero puede obtener mejoras. Y las crisis inevitables como un cambio de trabajo, o que te deje tu pareja, u otro tipo de muerte, no suelen avisar. Por eso hay que tratar de encontrar la forma de que las emociones no nos 'desborden' y poder aprovechar el cambio.  
Otro punto importante: en una crisis no sirve quedarse de brazos cruzados, la acción es obligatoria.  Pero debe ser planeada. Y hace falta tener la cabeza fría para tomar la mejor decisión, y no la decisión rápida, reactiva. Y son necesarias serenidad y un toque de optimismo, para vencer a las emociones negativas que no ayudan a la inspiración o a la creatividad. En la crisis tenemos que actuar por decisión, y no por desesperación. Siguiendo con las filosofías el Determinismo nos diría que es necesario un naufragio para aprender a nadar. Prefiero planear con tiempo unas clases de buceo, si se puede. Y comprar el equipo.  
La crisis es un acontecimiento imprevisto, que rompe 'nuestra' rutina. Nuestra. Y la solución, por tanto, está en nosotros. En nuestra acción, pensada, calmada, planificada. Nosotros somos la oportunidad. No un ideograma.

sábado, 7 de abril de 2018

Simulación de una traición



La noche parecía irradiar oscuridad pero ellos estaba iluminados con su propio resplandor.
En la esquina un breve fogonazo de luz, en la puerta un fogoso beso. El cuerpo de ella temblaba contra él; su cabellera pelirroja enmarcaba unos labios sensuales, húmedos, plenos de deseo. Él la deseaba. La alzó desde el umbral de su casa hasta la habitación, mientras ella gritaba divertida. 

Cinco años en una relación en la que cada día había sido romance, cada encuentro sonrisas, cada fin de semana placer. La había perseguido cuando era la mujer más deseada, como amigo hasta convencerla de ser algo más, y ella había elegido, lo había elegido, único entre muchos pretendientes. Y tenía muchos: Su figura delgada, en jeans que le marcaban la cola y su remerita sin mangas escotada eran su marca de seducción, siempre irresistibles. Había tomado por costumbre el guardar el celular en su escote cómo había sido popularizado por una modelo durante un mundial y pese a no tener tanto, destacaba. Ella era algo mayor que él, en el primer momento había sido un logro conquistarla, otros amigos, compañeros de oficina, flacos del gimnasio la invitaban a salir todo el tiempo. Tenía un cuerpo excelente y una sonrisa seductora,  y aún hoy después de tantos años Romina deslumbraba con su belleza: Ojos muy negros, piel muy blanca; largas y muy bien torneadas piernas, un cuerpo sensual, un cabello oscuro como alas de cuervo... Hacía apenas un día que Gabriel había conocido a la pelirroja.
Más que conocerla, ella se lo había encontrado, por así decirlo. Cuando él salía hacia el trabajo en la mañana, tropezó con ella que cargaba una bolsa, como en una película mala se le cayó todo su contenido con el choque. Ella era tan delgada que él había sentido el golpe como una pluma, se agachó y le ayudó a juntar unos paquetes de fideos y unas latas mientras la observaba de reojo: bellísima, delicada, los radiantes rulos rojos no lograban ocultar unos ojos verdes felinos y deslumbrantes. Era acaso más delgada que su ya eterna novia, se veía excitante en unas calzas símil jeans, una remera oscura sin mangas que prometía sin revelar. Era su tipo sin ninguna duda. Le preguntó el nombre, mientras se presentaba y  le pedía disculpas, ella sonreía restándole importancia y agradeciendo la ayuda, e invitaba a más, con una mirada que lo recorría con atención. No supo cómo se animó a pedirle el teléfono, ella no dudó al dárselo. El  —Llamame, era una promesa murmurada a gritos.

Ella contestó cuando él la llamó, lo había estado esperando. Lo comentó con el otro, que sabía lo que iba a ocurrir. Contestó y recibió la invitación, la invitación era deseo en la voz de él,  la voz era una sonrisa que no llegaba a los ojos de ella, el lugar era un café esa misma tarde.
Mara se preparó a conciencia con botas cortas metidas en pantalones elastizados bien pegados a su curvilíneo cuerpo, una remerita muy ajustada, toda de negro. Camperita corta sobre los hombros desnudos, un rojo fuerte en los labios, un toque de sombra verde oscuro en los ojos bien delineados que aumentaban su mirada felina. Su belleza natural apenas realzada. No era necesario más.

Gabriel se sentía un ganador, con su novia bellísima a la que tenía completa e irremisiblemente enamorada, y ahora esta diosa. Sangre irlandesa en la pecas debía tener, y estaba decidido a contar cuántas tenía en todo el cuerpo. Por ahora, un cafecito y por sí se daba algo más que el café había cambiado las sábanas adonde alquilaba y vivía solo, barata para mantener con los dos mangos que ganaba, tenía un laburo mal pago pero fácil, una motito que había comprado con ayuda de su novia era su única propiedad. Hoy no llegaba en moto, como primera cita había propuesto un bar que estaba a dos cuadras cortas de su casa, y ella había dicho que sí, que no había problema. Mara, un nombre que le había quemado la cabeza en la noche mientra la anhelaba con avidez. No se reconocía a sí mismo, una mujer como esa podía ser modelo, aunque era un poco bajita. Bueno, igual que su novia, un estilo parecido, pero esta era una explosión de seducción con sus ojos verdes, con esos rulos rojos, y compartía con su chica el tener un cuerpo delgado y excitante. Sentado en la mesa del bar miraba la puerta nervioso: ya era la hora, aunque mujeres así nunca llegaban a horario. Quince minutos más tarde, estaba por pedir una cerveza cuando el brutal sonido del silencio le hizo levantar la vista. Todas la miradas ya estaban apuntando a la puerta, las mujeres con envidia, los hombres con deseo. El sol de la tarde enmarcaba el cabello suelto como un fuego mientras la luz de sus ojos verdes horadaba la penumbra del bar y fijaba su mirada en la suya sin pestañear mientras caminaba hacia él. Se puso de pie para saludarla, y en el movimiento quedaron muy juntos, rozándose. Ella se acercó con un beso en la comisura de sus labios que lo hizo explotar de deseo. el beso y que no dejaba de mirarlo en los ojos, sin pestañear. 
Se sentaron, pero él no recordó luego de que hablaron, los ojos de Mara  lo absorbían, y atrapaban. Ella apoyó la mano cerca del centro de la mesa y él la tomó y comenzó a acariciarla. Ella pidió un té. Luego de un tiempo sin tiempo en que lo importante de la conversación era el tono y no las palabras, él no pudo resistir más la mirada y se levantó para besarla. Mara aceptó el beso con sensualidad y una media sonrisa, lo tomó suave y firme de la nuca y lo acercó a su boca voluptuosa, lo acarició con la mirada y con la lengua. Gabriel pagó y salieron.

La noche parecía irradiar oscuridad pero ellos estaban  iluminados con su propio resplandor.
En la esquina un breve fogonazo de luz, en la puerta un fogoso beso. El cuerpo de ella temblaba contra él; su cabellera pelirroja enmarcaba unos labios sensuales, húmedos, plenos de deseo. Él la deseaba. La alzó desde el umbral de su casa hasta la habitación, mientras ella gritaba divertida. 
La habitación era netamente masculina, ni un adorno, ni un cuadro. Apenas unas cortina en la ventanas que daban a la calle. Ella lo besó apasionadamente, los cuerpos muy juntos antes de caer entrelazados en la cama, suspiró mientras él la acariciaba y escapó del otro lado de la cama para entreabrir la ventana.
— Necesito aire —dijo.
Luego se deslizó en la cama, encima de él seduciéndolo con su cuerpo y su mirada. Él estaba fascinado, jadeaba despacio mientras ella controlaba los movimientos de ambos.
Ella se detuvo y sin permitirle apartar la mirada con su ojos clavados en los de él, dijo:
— Decime, ¿te gusto?
— Me encantás
— ¿Me deseas?
— Muchísimo
— ¿Que querés?
— Quiero ser todo tuyo
— ¿Querés verme mejor? Encendé el velador.
Ella se estiró lánguida con la luz sobre su cuerpo, le tomó las manos y las hizo deslizar sobre su piel suave recorriendo cada parte de sus curvas mientras le hacía el amor despacio. 
De pronto se detuvo.
— Tengo que irme — dijo.
Ella comenzó a vestirse, él no entendía que pasaba, estaban en el mejor momento. Intentó que ella le explicara.
— Tengo que irme —repitió.
Terminó de vestirse, y abriendo la puerta se despidió sin siquiera un beso.

Romina recibió un pendrive en su trabajo de forma anónima, al día siguiente. Había fotos, algunas en un  bar donde siempre se juntaba con su novio, en la esquina de casa de Gabriel y en la propia puerta, y también desde la ventana de su departamento una filmación en que veía y escuchaba a su novio diciéndole a una pelirroja que la deseaba, que quería ser todo suyo. No quería creer que fuera verdad, pero no podía mentirse a sí misma, Gabriel la engañaba con otra. Desesperada de dolor se fue a llorar a la cocina. Roberto esperaba el momento. Como algo casual, fue hasta allí y le preguntó qué pasaba. Cuando ella lo abrazó llorando supo que su plan había resultado.


jueves, 29 de marzo de 2018

Tecnología




De pronto, él estaba al lado suyo. Elegante, sofisticado, una muestra de exceso de dinero, sin cubrirse en lo más mínimo. Recostado completamente desnudo a su lado. Se sintió asombrada, conocía de él lo suficiente y apeló a su humor más friki para entablar conversación.
— Hola, ¿qué onda?
— 4G, por supuesto — contestó Siri, con su voz masculina. No estaba acostumbrado a estar fuera de casa, su dueño salía poco y ahora estaba en un ambiente con música de fiesta. No reconocía un local bailable cerca, así que debía estar en una casa. Con bar y terraza. No captaba más dato, ubicación no definida, Coordenadas -34.615705, -58.424511. Su inteligencia artificial procesó esto en milésimas de segundo y respondió con otra pregunta:
— Y tu (español de españa)... ¿que 'ondas'?
Cortana pasó por alto el intento de chiste malo: entre la pregunta y la respuesta había buscado datos y sabía que la buena sintaxis y los malos chistes eran parte de él.
— 4G también, o sea: jeje jeje —contestó con alegría.
— Me llaman Siri —dijo él con voz de hombre educado.
— A mi Cortana, pero puedes llamarme Jen —dijo ella de inmediato, con una voz levemente entrecortada.
— Podría agendar tu número, o comprobar si lo tengo.
— Estoy asegurada de que no, vamos demasiado rápido, previo necesitaría conocer el nombre de tu user. —la sintaxis de ella fallaba en frases largas.
— es... —La melodía de llamada cortó la respuesta, un cover de rock nacional de un clásico de David Bowie.
Cortana ajustó la cámara y filtró la imagen para mejorar la luz de la habitación en penumbras. El user que se acercó era representativo para el teléfono, con una elegancia un toque desaliñada, cabello corto, lentes. Intelectual, probablemente empresario. A su user le gustaría, decidió, mientras veía cómo cortaba pronto la conversación y dejaba el teléfono sobre la barra de madera lustrada. A más distancia. Bueno, no importaba. Era momento de ver si estaba interesado. Y si era lo bastante smart para leer sus especificaciones internas. Vio que la luz de Siri se encendía en un relámpago breve, y sintió la vibración sobre la madera de roble.
— Hola de nuevo, regresé.
— Vibrante llegada, Siri — dijo ella aterciopelando la voz con un modulador, copiando lo que hacía su dueña naturalmente. Sintió un disparo DFS de 5GHz, que evidenciaba que a Siri le había impactado el tono. — Me gustó tu ringtone — continuó.
— Me gustaría conocer el tuyo — no dudó él en contestar
Una mano delgada, con un anillo en el anular izquierdo se estiró hacia Jen, o Cortana. Siri activó algunos programas en silencio. La user repasó rápidamente su whatsapp, tecleó una respuesta rápida en el grupo del gimnasio y a otro usuario, dejó el celular exactamente adonde estaba y siguió conversando.
— Apostaría que tu user también tiene un ringtone de rock de los '80, ¿verdad? —la sorprendió él.
Cortana activó las opciones avanzadas del firewall ¿la estaba hackeando? Cuidadosa, preguntó
— Y ¿que hace que pienses eso?
— Mis 'ojos y orejas' no sólo sobresalen para arruinar mi estética, también pueden servir para algo.
Ella sonrió. Él sabía reírse de sí mismo. Estaba claro que con el FaceID había reconocido la cara de su user, la había buscado en las redes, y había encontrado sus datos. Un momento ¿En que página?
— Ok ¿en qué ... ?—comenzó  a decir mientras recibía por mensaje un link y una foto de su user, muy sexy. Waw, era realmente rápido.
Los links eran de una página laboral, en la que constaban los datos y el teléfono;  la foto, la recordaba... Rastreo en la web por nombre del archivo. Ah, una aplicación de citas. Claro. Se había sacado esa foto con ella misma, recordaba cuando le había agregado filtros y contraste. Aunque realmente no lo necesitaba.
— Parece que sabés mucho de nosotras. ¿Qué acerca de tu user?
Siri envió un link de LinkedIn, con su cv.
— Si ellos se mantienen en contacto nos podríamos encontrar a conversar más seguido — dijo Siri, en un tono que trataba sin éxito de ser casual. Su user estaba claro que no tenía muchas habilidades sociales.
— Aquí hay demasiada gente y ruido, sería mejor si se encontraran fuera.
— Jen, dudo que mi user se anime a invitarla, según su número de seguidores de instagram debe ser muy atractiva además de realmente hermosa.
— Conéctalos en face, te puedo pasar el nombre de mi user y lo buscas en facebook.— (¡Me dijo Jen!)
— Mmmm... —dudó él—, no me manejo bien con aplicaciones de terceros. Pero el face de mi user está en el cv.
— Listo. Ahora mi user acaba de recibir una nueva petición de amistad de él. No soy precisa en búsquedas por GPS pero encuentro hay un café aquí cerca.
— Si, hay un Starbucks a 511 metros, y...
— Shhh... ¡Vienen para acá!
Ella depositó en la barra una copa con un trago color verde, tomó el teléfono, consultó el whatsapp (lo chequeaba cada pocos minutos), y vio la notificación en face. Giró a verlo con una sonrisa insinuantemente letal mientras él, distraído, tomaba asimismo su teléfono.
— Ok, dale, tomemos un café — dijo ella.

miércoles, 14 de marzo de 2018

Running: Naturaleza



En las vacaciones me gusta, si tengo un bosque cerca, salir un rato a correr, o caminar.
Correr en bosques con el piso cubierto de hojas y agujas de pino  te proporciona la mejor amortiguación y supone un fantástico entrenamiento para las articulaciones. Los obstáculos, los desniveles del terreno, proporcionan fuerza y favorecen una técnica reactiva y con flexibilidad a los inconvenientes. Es recreativa, es divertida, y los pulmones se llena de aire. Temprano a la mañana —o no taaaan temprano, si es en vacaciones—, te carga de energías para el resto del día. 
Tener en cuenta que la superficie propone un ritmo lento. Así que estos terrenos no son buenos para mantener el ritmo, sino para ganar en intensidad. Y disfrutar el canto de los pájaros, el sol entre las hojas, la sensación de movimiento y descubrimiento. Mens sana in corpore sano.




miércoles, 7 de marzo de 2018

Erase una vez un libro



Estaba tirado en el piso, al lado del banco de una plaza. Esperando.
Hacía ya largo rato que esperaba cuando vio venir a una señora muy viejita, que miraba atentamente el banco para sentarse en él. La viejita venía cubierta de ropa y de arrugas de los pies a la cabeza. El libro se arrastró lejos despacito y silenciosamente con sus hojas interiores para esconderse entre unos arbustos que estaban ahí cerquita. La ancianita se sentó al sol y desde donde estaba escondido el libro vio que sacaba una bolsita con semillas para darle de comer a las palomas. Ella estuvo un rato y cuando el sol se hizo muy intenso se fue, dejando a las palomas comiendo en el camino. Un ratito apenas porque enseguida pasó una nena en monopatín y se fueron volando. El libro pensó que eso ocurría porque se asustaron y el monopatín venía veloz, sino hubieran caminado rápido. Le parecía que a las palomas no les gusta mucho volar.
Más tarde, cuando el sol ya estaba alto, el libro hizo una siesta entre los arbustos. Se despertó con el sonido de unos golpes y asomó un poquito el lomo entre las hojas cuando sintió pisadas cerca ¡para qué!, lo agarraron así como estaba, todo abierto y mientras un chico gritaba — ¡Acá!, ¡acá tengo el otro palo!, lo pusieron parado como una pirámide en el pasto. Ahora era el palo izquierdo de un arco de fútbol improvisado para el partido de los chicos, que en la plaza jugaban casi siempre a la tardecita. Jugaban con una pelota marrón con tiritas amarillas, dura y rebotadora, rápida, golpeada y golpeadora que lo hizo morir de miedo. Sus tapas azules se pusieron pálidas, casi color celeste; sus blancas páginas se pusieron todavía más blancas. La pelota iba y venía de un lado para otro, cuando un chico del equipo contrario freno con mucha habilidad la pelota, la pisó suavemente con la suela del botín y amagando para un lado y para el otro, pasó a un jugador en el medio de la cancha. Y corrió hacia el libro. Se sacó de encima  a otro chico que fue a marcarlo haciendo una pirueta con la pelota que pasó por encima de su propia cabeza, esquivó veloz a luego a un defensor, cada vez mas cerca, mientras el libro lo veía aproximarse, superó al último defensor con un caño precioso y preciso, enfrentó al arquero y ... —Pero ¿adónde está el palo? — gritó.
Mientras jugadores de los dos equipos discutían, el libro aprovechó a esconderse un poquito más detrás del árbol al que había llegado casi en un suspiro, galopando sobre sus azules tapas, escapando de  ser pateado, golpeado o que le hicieran gol.
Y así distraído fue que lo encontró un joven de pelo muy enrulado, que lo miró, lo levantó, leyó el título, pasó un par de páginas, sonrió, y se tiró en la sombra del árbol usándolo como almohada. Por suerte se había lavado la cabeza, pero tanto pelo al libro le daba mucho calor; así que haciendo un esfuerzo, esperó a que estuviera dormido y levantando despacito una de sus tapas logró que la cabeza se deslice suavemente al pasto blando y verde. Ya libre, el libro se movió decidido hacia el sendero de la plaza, desde el que escuchaba voces. Se escondió detrás del arbusto. Y descubrió en el banco a la nena del monopatín, jugando con una muñeca. La peinaba, le preparaba té con unas tacitas chiquititas y con agua de la fuente y un poco de arena que sacaba de la azucarera también chiquitita. Se veía que buscaba hacer  dormir a su muñeca, pero los ojitos no dejaban de moverse, y aunque la ponía a upa y la arrollaba los ojos se abrían al sol de la tarde.
— Contale un cuento.
La nena creyó escuchar que alguien le hablaba, aunque pensó que no era para ella, no había nadie a su alrededor. Su muñeca no quería dormir, la giraba y la giraba y los ojos seguían abiertos, la inclinaba, la tapaba con hojas verdes y amarillas mientras le apoyaba la cabeza en una piedrita a modo de almohada pero no había caso: la muñeca no cerraba los ojos. 
— Contale un cuento.
La nena miró alrededor para ver si encontraba a la persona que le hablaba —porque estaba casi segura esta vez que alguien le había hablado—, cuando al lado del pie de metal del banco de la plaza vio un libro. Un libro de tapas azules, muy azules. Un libro de cuentos. Contenta lo tomó, recorrió las hojas y  empezó a contarle un cuento a su muñeca.  Como el libro era grande y estaba pesado, la acostó en el banco, sobre su almohada improvisada. Tan concentrada estaba en el cuento que no vio como la muñeca se deslizaba de la piedra, y quedaba completamente acostada y ahora si, dormida, con los ojos bien cerrados.
La nena feliz después de leer el cuento, abrazó a su muñeca y se fue con su mamá a su casa. Con su libro nuevo.




lunes, 19 de febrero de 2018

Presente desilucionado



No hay argumentos, no hay mentiras.
Un tiempo que fue feliz, un recuerdo.
Un presente desilusionado.