miércoles, 23 de septiembre de 2026

Duelo sin nombre

 


Hoy conocí una característica del idioma español que no conocía.

Al que pierde a sus padres lo llamamos huérfano. Al que pierde a su pareja, viudo. Al que pierde a un hijo... nada. El idioma, la RAE, que tiene palabra para el que pierde el rumbo, la paciencia o las llaves entre otras cosas, un idioma tan completo y complejo como el español se queda mudo justo ahí. Hay palabras para todo lo que se pierde, menos para eso.

Y yo creo que está bien que se quede mudo. Una palabra buscaría nombrar un vacío inexplicable de dolor; y ese dolor no entra en ninguna palabra. Nombrar es medir, y eso no tiene medida.

Quizás el diccionario no lo nombra porque el orden del mundo dice que los hijos despiden a sus padres, no al revés; y el lenguaje se niega a aceptar lo que la vida a veces hace. Ese hueco no es un olvido, es una negativa feroz: esto no debería existir, y no pienso darle un nombre para que parezca normal.

Quien lo vive no necesita un sustantivo. Ya tiene un nombre propio, el único que importa: el de su hijo, que sigue diciendo en lágrimas todos los días.