lunes, 15 de mayo de 2017

Extranjero



Por un camino polvoriento, llegó caminando un extranjero. Llegaba de allende las montañas y los bosques, más allá del verano. Con paso cansino se dirigió al templo del pueblo.
Golpeó la puerta. Esperó. Abrió el sacerdote.
— Buenos días hijo tengas en la gracia de Dios. ¿Qué buscas?
— Buenos días sacerdote. Vengo de lejos.
El sacerdote lo observó. Su mirada perspicaz lo vio joven, lleno de vida aunque con una mirada antigua. Alguien que ha visto mucho. Un chaleco de piel de zorro, polvoriento pero de hechura fina. Llegando a una aldea perdida de un valle, al fin del verano, sin amigos. Está huyendo, concluyó en sus pensamientos.
— Vienes de lejos, eso puedo verlo. No sé si lo suficientemente lejos como  para huir del sino que te persigue. El extranjero sonrió.
— Sabio eres. Vengo desde el oeste junto al gran océano.
— Si huyes es posible que traigas la violencia a este tranquilo pueblo. ¿Has pecado? ¿Conocen en tu tierra el concepto de pecado?
— Entiendo muy bien el concepto del pecado original de los hombres, respetable hombre de fe. Aunque reconozco que de dónde vengo no tenemos las mismas creencias.
— No rechazamos a los hombres por sus creencias, sino por sus acciones. ¿Cómo te llamas?
— Suelen llamarme Eneo
— ¿Suelen llamarte?
— No conozco mi verdadero nombre, cuentan quienes me recogieron que mi madre murió carbonizada en un accidente, yo fui criado por una familia de extranjeros. Por mis tutores conocí mi verdadera vocación y desde entonces recorro el mundo para hacerla realidad.
— Si recorres el mundo no hay tantas opciones sobre tu vocación ¿Viajero? ¿Juglar?
— Tengo bastante de juglar,  comprendo bastante los secretos de la flauta —dijo el extranjero mostrando que llevaba una, colgada en la cintura.
— Extraña flauta llevas.
— Si, es un modelo que yo mismo diseñé en mis viajes. Puede que no haya otra como esta.
— Si tu vocación no es ser juglar, entonces no sé qué te haga recorrer el mundo, hijo mío. Yo recorrí el mundo en mis tiempos llevando la palabra de Dios, aunque me llegó el tiempo de establecerme. ¿Es esa tu vocación, eres un ministro de fe? Raro sería entonces que te presentes apenas llegar, ante mi puerta.
— Organizo fiestas. Me han llamado tanto nobles como aldeanos, tanto en dorados salones como en fiestas populares.
— No parece ser una actividad muy pía
— Reconozco que me ha dado algún que otro problema a veces.
— No creo que en este pueblo haya mucho tiempo ni ánimo para fiestas
— Se sorprendería señor lo poco que es necesario para sacar el mejor espíritu lúdico en los hombres, pero entiendo que no vea esta actividad con buenos ojos. Puede que sea mi momento de establecerme también. Conozco bastante de horticultura —dijo mirando a lo lejos las vides de una parra, mientras recostaba su cuerpo en una higuera que pareció curvarse hacia él.
— En este pueblo si sabe darse maña con eso, pronto conseguirá trabajo. Reconozco que me sorprendes con este conocimiento, supuse que se dedicaba a despojar del oro a otros viajeros más que labrar la tierra.
— No sabe cuan alejado estoy de eso, si se me puede acusar de algo será mejor de lo contrario. Aunque tal como le explicaba mi ocupación preferida o don, es organizar fiestas o impartir clases de teatro, la horticultura se me da de maravilla.
— Bueno —dijo el monje dando por terminada la charla—, puede trabajar en el propio campo que posee el templo para comenzar.
Y conquistada su confianza por la actitud humilde y sincera del otro agregó — Y por qué no al atardecer contar historias de sus viajes o dar clases de teatro, en beneficio de su vocación.
— Le acompaño a la casa del herrero, así puede asearse y él o su esposa verán de buscarle un alojamiento y presentarle al resto de la gente del pueblo.

Tres días más tarde los hombres de la aldea se acercaron al bosquecillo portando antorchas, azadas y herramientas varias. Las mujeres rápidamente se anotaron para tomar clases de teatro con el extranjero que impartía este en el bosque cercano, y ahora bailaban desnudas a su alrededor, mientras él tocaba la flauta de Pan y bebía vino. En su regazo la mujer del herrero lo acariciaba.  Al entrar al claro de la bacanal, e iluminado por detrás por las antorchas, la sombra del herrero semejaba la de un titán, martillo en mano. La turba de hombres rodeó  al extranjero —que ebrio de vino y lujuria— ni intentó defenderse, y dominados por una furia asesina lo despedazaron en un festival de muerte y sangre, alcohol y carne. Lo despedazaron con herramientas de labriegos y lo quemaron, desgarraron con los propios dientes la carne quemada en un paroxismo de locura del cual tanto hombres como mujeres quedaron presos, al punto de después de despedazarlo, la mujer del molinero comió el propio corazón del extranjero.
Aún no sabía que estaba embarazada, pero pronto se enteraría.

Notas

Dioniso: 
  • Aunque los orígenes geográficos de su culto son desconocidos, casi todas las tragedias lo presentan como «extranjero».
  • Es el dios patrón de la agricultura y el teatro.
  • En su honor se celebraban Bacanales, las cuales considerando un poco el descontrol de música y gritos que hay en mi oficina cuando no está el jefe (y muchas veces cuando está), y de los almuerzos que perpetran para los cumpleaños, por lo que no tengo necesidad de imaginármelos. Aunque no participan solamente mujeres

Muerte de Dioniso: 
  • Según la Wikipedia, en una versión, Dioniso era el hijo de Zeus y Perséfone, la reina del Inframundo. La celosa Hera intentó de nuevo matar al niño, enviando esta vez a los Titanes a descuartizarlo tras engañarlo con juguetes. Zeus hizo huir a los Titanes con sus rayos, pero éstos ya se habían comido todo salvo el corazón, que fue salvado, según las fuentes, por Atenea, Rea o Deméter. Zeus usó el corazón para recrearlo en el vientre de Sémele, por lo que se lo conoce como ‘el nacido dos veces’.
  • Otras versiones afirman que Zeus dio a comer el corazón a Sémele para preñarla. https://es.wikipedia.org/wiki/Dioniso



No hay comentarios:

Publicar un comentario