domingo, 28 de febrero de 2016

No hacemos esas cosas


¡Auxilio! No, por favor, lo está matando, el cuchillo...
El grito resuena estridente en mi celular, alcanza el límite de volumen de los parlantes y se producen pequeños cortes de interferencia, sin contar la voz entrecortada por la incoherencia del relato. Un hombre que pasa por al lado mio me mira.
— Ok, ya voy.
Sigue el grito desesperado, el teléfono subiendo de intensidad en las vocales abiertas. Se escucha fácilmente a más de 30 metros, la mujer del almacén se asoma. El hombre que pasó a mi lado se vuelve un par de veces a mirar, nuevamente.
Mi voz puede que haya sonado cansada, pese a que aún son las 8 de la noche, pero lleva toda la semana así, y ya es domingo. Permítanme explicarles, soy psicólogo, y es una de mis pacientes. Ve asesinatos constantemente, y no vayan a creer por favor que se trata de que ve a los muertos, como en la película Sexto sentido. No. Simplemente lo imagina. Pobre, estoy tramitando derivarla a un psiquiatra para un tratamiento especializado, o una internación permanente, con el permiso de su esposo y familia.
Pero a veces pasan semanas sin esos ataques. Ya quise explicarle anteriormente que requiere otro tipo de tratamiento, otro tipo de  'especialidad' médica, pero dice que tiene miedo y que confía en mi. Consulté con amigos psiquiatras, y me recomendaron probar con calmantes, yo no puedo recetar medicamentos pero convinimos en que en este caso podíamos tramitarlo. Con tranquilizantes logramos un estado de aparente calma, pero de pronto regresan sus ataques.
Su última manía es que su esposo y su hermano son unos monstruos que matan personas y regresan con bolsas de huesos que esconden en el sótano. Pobre mujer. 
Se muestra enérgica en eso, en sus raptos de locura y grita con desesperación cuando tiene las visiones. Si tuviera que creerle, ya en la lista de 'víctimas' figurarían el verdulero, el repartidor de periódicos, y la almacenera que sigue asomada mirándome, todos los cuales gozan de buena salud, por supuesto. Conozco bien a su marido y a su hermano, han acudido con ella a reuniones de terapia familiar, y definitivamente, no esconden los huesos de nadie en el sótano.
Los vampiros no hacemos esas cosas.

Entes sueltos por Buenos Aires 3: Vampiro

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